
El prestigioso cirujano mexicano Carlos Viesca Treviño visitó el país esta semana para hacer un llamado a médicos y pacientes ticos para que reconozcan la contribución indígena a la medicina actual, particularmente de la cultura Olmeca, que vivió unos 2.000 años antes de Cristo y hasta unos 500 años d. C.
Los olmecas son considerados como una cultura madre de la civilización mesoamericana y la humanidad. A ellos se les atribuye el desarrollo del juego de pelota, la invención del cero, el calendario, la escritura y la epigrafía. Ellos se radicaron en lo que hoy es Veracruz y Tabasco, en México, pero su legado se extendió por toda la región.
El jueves el médico impartió la conferencia inaugural ‘La cultura Olmeca, fuente de saber y poder en Mesoamérica’, en la apertura del Año de la Academia Nacional de Medicina 2008.
Este es un extracto de una conversación que Viesca mantuvo con La Nación .
¿Cuál es la contribución de las culturas indígenas mesoamericanas, como la Olmeca, a la medicina actual?
Los indígenas entendían el cuerpo humano y el universo de una forma diferente.
“Su aporte es mucho y muy valioso, pero hasta ahora no tenemos demasiada información disponible para definirlo a ciencia cierta.
“Solo tenemos algunas imágenes (iconografías) y registros históricos que nos dan ciertas ideas de cómo era su concepción de las enfermedades y las curas. Lo que sabemos es gracias a la tradición oral, porque no hay muchos escritos. Además, algunos escritos que hay los hicieron los españoles cuando llegaron a América. Ellos preguntaron a los indígenas –no siempre a los más informados– lo que les interesaba y todo se escribió con un sesgo religioso, como el de los frailes franciscanos.
“Ahora estoy realizando un estudio de la iconografía y de las representaciones plásticas de esta cultura sobre las enfermedades”.
Entonces, ¿hasta ahora qué se sabe sobre cuál era su concepto de enfermedades y curas?
Era diferente. Existe una leyenda hermosa que dice que un buen día Dios tuvo que inventar a los humanos y creó una pareja de seres míticos llamados Oxomoco y Cipactomal.
“Entonces no había mundo y ellos vivían con el resto de los dioses en el cielo, pero Dios creó como un edificio de apartamentos y los dioses se metieron en los pisos de arriba y de abajo y los humanos en el centro, que es donde estaba vacío: esta era la Tierra. Desde ahí nos quedó la costumbre de creernos el centro del Universo.
“De ahí en adelante Oxomoco y Cipactomal empezaron a buscar explicaciones sobre su ‘piso’ y sobre el resto de ese edificio o Universo. Comenzaron a ver que entre los pisos había movimientos y trataron de entender por qué y crearon el tiempo. Luego, para entender el tiempo, empezaron a usar los dedos para contar cuántas veces sale el Sol o se mueven las estrellas e inventaron el calendario.
“Entonces los otros dioses se asustaron del conocimiento humano y le pidieron a Dios que detuviera a esta pareja. Como respuesta, Dios inventó la muerte para que el conocimiento quedara limitado a un espacio de tiempo y para que murieran él creó también las enfermedades y el envejecimiento.
“Por eso, Oxomoco y Cipactomal se convirtieron en los iniciadores de las artes curativas. Ellos creían que el cuerpo se enfermaba cuando se producía un desequilibrio en su edificio”.
¿Qué clase de desequilibrio?
Ellos creían que en el Universo había muchos espíritus que causaban males y que causaban bienes. Su visión del cuerpo era similar a la concepción del Universo como el ‘edificio’ donde ellos vivían y la columna vertebral era el soporte de ese cuerpo.
“La parte superior –de la coronilla al diafragma– está controlaba por la cabeza donde nos entran los impulsos, las fuerzas, las ideas y las energías, y la parte inferior va de la pelvis a los pies.
“La función del organismo es mantener el equilibrio y eso se hace desde el piso del medio, donde están el corazón y el hígado.
“Si el cuerpo se calentaba o se enfriaba de más, se enfermaba. Entonces, cuando el cuerpo se calentaba ellos intentaban enfriarlo y viceversa: cuando se enfriaba, procuraban calentarlo con los recursos que tuvieran disponibles”.
¿Eso funcionaba?
Funcionaba tanto o tan poco como la medicina tradicional de China o la India, pero esta propuesta era muy coherente con su concepción del mundo.
¿Por qué se perdió esa coherencia? ¿Cuándo cambió el concepto de medicina en el Continente?
Con la conquista española. Ellos llegaron con su tradición médica, religiosa y política y la impusieron como legítima. Así, lo demás fue catalogado como falso.
“Los curanderos aborígenes no fueron reconocidos como ‘médicos’ y se acudía a ellos en sitios remotos donde no había otra alternativa para tratar de salvar una vida”.
En la actualidad, esa diferenciación entre los tipos de medicina continúa. ¿No es contradictorio que un cirujano promueva la medicina indígena tradicional?
No. Yo hablo desde el bando de la medicina que podríamos llamar académica y la defiendo. Mi postura lo que dice es que en la medicina lo más importante es dudar siempre.
“En el caso de la medicina tradicional, en mi opinión, uno debe darle el beneficio de la duda a otras alternativas. La Organización Mundial de la Salud ya tiene una oficina dedicada a medicinas indígenas tradicionales”.
¿Pero no habría que dudar también de la medicina tradicional y de quienes la aplican?
Pues sí, precisamente. En todos lados hay charlatanes con título o sin él.
¿Cuál es el llamado que usted hace a las personas y a los médicos nacionales?
Mi consejo es que podemos tomar todo lo que queramos de otras culturas y ofertas, pero no minimizando lo propio: nuestras raíces mesoamericanas.
“Nosotros tenemos cultura desde donde hablar: no solo los egipcios o los chinos tienen culturas milenarias sabias. Con mis palabras pretendo dejarles una bolsa completa de virus muy virulento y vivo de dudas”.