Salud

La feliz historia de cómo Costa Rica llegó a ser uno de los países con menos espina bífida en el mundo

Esta es una condición congénita en la que la columna vertebral y la médula espinal no se forman bien durante la gestación; consumo de ácido fólico previene este defecto

Costa Rica es uno de los países del mundo con menor incidencia de espina bífida, un defecto congénito que evita que se complete la formación de la columna vertebral y la médula espinal. Las personas nacidas con esta condición no logran la fuerza para caminar y deben permanecer en silla de ruedas.

“Ahí están las piernas, pero el niño no logra caminar. Es como si una casa tuviera bombillos, apagador pero no corriente eléctrica”, explicó el neurocirujano Adrián Cáceres.

A nivel mundial, la incidencia de espina bífida es de 10 por cada 10.000 nacimientos, pero en Costa Rica es menos de la mitad: 4,8.

Datos de la Asociación NeuroAdvocacy indican que, en otros países de América Latina, los números son mucho mayores. Por ejemplo, en Argentina es de 11,9, en Bolivia de 11, en Brasil de 24,3, y en Chile y Colombia de 10,1.

¿Cómo se logró eso? Investigaciones que comenzaron en las décadas de 1960 y 1970 sugerían que el consumo del folato o ácido fólico en la mujer era decisivo para que el tubo neural del bebé se cerrara adecuadamente. Este nutriente es un tipo de vitamina B que está relacionado también con la formación de nuestras células.

La espina bífida es un defecto del tubo neural, una estructura que se forma al inicio de la gestación y que da origen al sistema nervioso.

Según explicó el neurocirujano Cáceres, cuando el tubo neural no logra cerrarse de forma adecuada, en algunos casos no se forma adecuadamente el cerebro, la médula craneal. Esta condición no solo lleva a discapacidad, sino que también aumenta el riesgo de muerte. En otros casos, no se cubre todas las estructuras, queda expuesta y de ese punto hacia abajo no hay función sensitiva ni de habilidad, ni se logra control de esfínteres.

En 1981, la relación entre el folato y el menor riesgo de espina bífida se logró comprobar. Entonces, a nivel mundial comenzó la tendencia de darle a las mujeres en edad fértil cápsulas de ácido fólico cuando decían que iban a planear un embarazo.

“Lo que se encontró fue que menos de un 20% de los embarazos son planificados. Pocas parejas tienen la disciplina de ponerse a preparar sus cuerpos para un embarazo. Y para cuando la mujer se percataba del embarazo, ya el tubo neural se había cerrado, bien o mal, pero ya estaba”, enfatizó Cáceres.

“Todavía en este momento se cree que el ácido fólico que se le receta a las embarazadas es pera prevenir DTN (defecto del tubo neutral). No, ya para ese momento el tubo neural está, se recetan para evitar anemias” añadió.

Años después, los especialistas vieron que las recomendaciones debían apuntar hacia otro lado, y qué mejor con lo que las personas hacen a diario desde niñas: comer.

Aunque algunos alimentos tienen ácido fólico, como el frijol, las naranjas y las verduras de hojas verdes, esto no es suficiente. Se acordó entonces fortificar alimentos que fueran de alto consumo en cada país para eso.

Cáceres subrayó que Costa Rica fue pionera en el tema, pero, además, las regulaciones son rigurosas para mantenerlo así. El primer paso se dio en 1997, cuando el Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud (Inciensa) fortificó la harina de trigo con ácido fólico.

“Se comenzó con eso porque en Costa Rica, a diferencia de otros países de la región, se consumía más harina de trigo que de maíz. Se comía más pan que tortilla. Se fortificó el pan y todos los derivados de la harina del trigo”, rememoró el neurocirujano.

Antes de la entrada en vigencia de esa normativa, el 25% de las mujeres en edad fértil tenían deficiencia de folato. Luego de iniciado la fortificación también bajó la deficiencia a menos de 3%.

“Los casos de espina bífida bajaron dramáticamente y los que se veían eran más leves”, comentó Cáceres.

Cinco años después, en 2002, le siguió la fortificación del azúcar, los lácteos y el arroz.

Inciensa se encarga de monitorear perfectamente y otros productos fortificados tengan el nivel indicado.

“Lo que llega importado de otro país se desempaca, se fortifica y se devuelve”, aclaró.

“De países de todo el mundo nos preguntan cómo hicimos. Costa Rica se volvió un ejemplo. La industria lo ve como un estándar de calidad”, aseguró el neurocirujano.

Cáceres enfatizó que esto no ha llevado a cero el nacimiento de niños con espina bífida, pues ahí también entran otros factores, como la genética o problemas metabólicos que dificultan la absorción del folato. Según explicó, por año se ven entre 30 y 35 menores, a los que él les da seguimiento desde el Hospital Nacional de Niños durante toda su infancia.

“Antes se veía mucho más del doble de casos y eran mucho más severos. Ahora sí, tienen sus discapacidades, pero su calidad de vida también es mayor”, enfatizó el médico.

El especialista señaló que el folato tiene también otros puntos importantes de nuestra salud. Ayuda con la reparación del ADN, con el procesamiento de amionácidos y le da energía al cuerpo.

“En países donde la regulación no es tan rigurosa, los DTN no solo son más, también son más graves. La Asamblea de Naciones Unidas busca no solo que cada país tenga fortificados los alimentos de mayor consumo, también de que las regulaciones se encarguen de velar porque sí se cumpla”, concluyó el especialista.

También hay otros DTN, como la anencefalia, en la cual el bebé nace sin partes de su encéfalo y cráneo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este tipo de defectos de nacimiento se producen muy temprano en el embarazo (cerca de la tercera o cuarta semana), con frecuencia antes de que la mujer sepa que está embarazada.

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