Irene Rodríguez. 20 julio, 2020
El confinamiento aumenta el riesgo de cuadros de ansiedad y depresión en los adolescentes. (Imagen con fines ilustrativos). Fotografía: Albert Marín.
El confinamiento aumenta el riesgo de cuadros de ansiedad y depresión en los adolescentes. (Imagen con fines ilustrativos). Fotografía: Albert Marín.

“El adolescente está en esa etapa de la vida en la cual nos sentimos invulnerables: ‘todo lo podemos, todo lo queremos hacer y todo lo queremos ya’, pero llega una pandemia de forma intempestiva y me quitan mis posibilidades y eso me frustra, no sé cómo manejarlo”.

Así, Marianela Rodríguez, psicóloga que trabaja todos los días con adolescentes, resume los retos que afronta esta población en estos momentos, y asegura que, en medio de un confinamiento obligado, el terreno es más fértil para cuadros de ansiedad.

“Se unen muchas cosas: la carga académica, una enfermedad desconocida con casos, hospitalizaciones y muertes todos los días; la situación de la casa, muchos ven a sus papás que se llevan mal, o ellos mismos no se llevan bien con los hermanos. Si no sé expresar bien qué siento, cómo lo siento, qué opino... yo me lo trago, como me lo voy tragando, se convierte en una bomba de tiempo en el que llega un momento en el que voy a estallar porque no voy a aguantar más todo lo que le estoy metiendo”, detalló la especialista.

Rodríguez aclaró que esto se ve por igual en hombres y en mujeres.

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) también alerta sobre esta situación.

Para Marcos Díaz, psiquiatra de la Caja, la falta de las actividades sociales con sus amigos representa una pérdida que puede ser semejante a un “duelo sin despedidas”, dada la falta de contacto directo con sus pares. Puede ser vivido por ellos como una situación “catastrófica” con consecuencias similares a un trauma agudo.

¿Cómo identificar estas señales?

Aunque cada adolescente es diferente, tanto Rodríguez como Díaz recalcaron que es necesario que las familias se fijen en los cambios en el joven, y esto no solo es tarea del papá o de la mamá, también, es un consejo para hermanos mayores o para quienes la persona tenga un contacto más cercano.

“Hay que estar vigilantes y al tanto de esos pequeños cambios. Tal vez siempre ha sido chichoso, pero nunca había gritado así. Tal vez siempre ha padecido de los nervios, pero ahora no duerme, o ahora no está comiendo. Tal vez le gustaba mucho hacer determinada actividad, pero perdió el interés de la nada”, expuso Rodríguez.

Díaz también recomendó identificar “síntomas de angustia asociados a estrés e inquietud persistente, miedos irracionales, cansancio, insomnio”.

Según Rodríguez hay tres formas en las que se manifiesta la ansiedad: física, cognitiva y motora.

La parte física tiene que ver con dolores, especialmente de cabeza o estómago o dificultades para respirar que no tienen explicación física, pero son indicadores de que el cuerpo ya maneja un nivel mayor de estrés.

La parte cognitiva tiene que ver con actitudes, pero también se debe estar atentos si el joven está perdiendo la concentración o si su rendimiento académico ha variado.

“Asimismo, tiene que ver con pensamientos. A veces en la adolescencia se habla muy poco, pero si cuando hablan exponen los mismos pensamientos, de forma repetitiva, hay que poner atención”, manifestó Rodríguez.

Finalmente, la parte motora tiene que ver con manifestaciones como movimientos de pies o piernas (no las dejan quietas), o movimientos repetitivos con las manos.

¿Cómo ayudar?

El Colegio de Profesionales en Psicología cuenta con una línea de ayuda gratuita: la 1322.

Además, en la página web https://juntosnospodemoscuidar.psicologiacr.com/ hay material y recomendaciones para diferentes edades. Las redes sociales de este colegio profesional también realizan transmisiones en vivo donde hablan de salud mental en tiempos de pandemia.

Sin embargo, el apoyo familiar es vital. Para Rodríguez, el que el adolescente sienta a sus padres cerca es muy importante para ellos.

“A veces, la persona adolescente da por sentado que la mamá o el papá los tiene que entender... y la mamá o el papá dan por un hecho que el hijo o la hija va a decirles qué les pasa. Y ninguno de los dos habla. Aquí lo importante es tomar nuestro rol como adultos y decir: ‘yo quiero ayudarte, pero necesito que vos me digás'”, explicó la especialista.

Asimismo recomendó no juzgar y escuchar. “Es válido admitir que hay cosas que no sabemos y decir ‘no se me ocurre cómo ayudarte, pero vamos averiguarlo juntos”.

Díaz brindó cuatro consejos más para aplicar con los adolescentes:

1. El primero está relacionado con hablar libremente de la pandemia. Para ello anímele a decir cómo le está afectando a nivel personal.

2. Comparta información de lo que está pasando en el país y en el mundo, con calma y de forma directa y objetiva para así tranquilizarle sobre el virus. Corrija cualquier información falsa cuando la escuche. Refuerce los conceptos básicos, como la importancia de lavarse las manos con frecuencia y evitar tocarse la cara.

3. Enfatice que quedarse en casa salva vidas. Hable de cómo el distanciamiento físico es una manera importante en la que el adolescente puede ayudar a disminuir la propagación del virus. Tenga normas estrictas de “no hacer trampa”.

4. Ayude a sus adolescentes a pensar en el futuro. La situación que se vive por la pandemia no será para siempre, motívele a hacer planes y que establezca metas.