
La remolacha volvió a ganar espacio en la cocina diaria por su valor nutricional y su sabor dulce. Este vegetal aporta fibra, antioxidantes, folatos, potasio y betalaínas. Estos pigmentos le dan su color rojo violáceo. La forma de cocción influye en la conservación de sus nutrientes y en su textura.
Mantener la piel durante la cocción resulta clave. La cáscara protege los jugos, azúcares y el color. Si usted la pela antes de cocinarla pierde sabor y parte de sus nutrientes. Después de la cocción la piel se desprende con facilidad. También se recomienda cocinarla entera para reducir la pérdida de minerales.
Si usted decide hervirla debe usar la menor cantidad de agua posible. Solo cubra la remolacha para lograr una cocción pareja. Se aconseja iniciar con agua fría para un calentamiento gradual. Agregar sal desde el inicio ayuda a fijar el color y a realzar la dulzura natural. Evite el exceso de sal para no alterar el sabor ni afectar la salud.
El tiempo de cocción varía entre 30 y 60 minutos según el tamaño. Un hervor suave a fuego medio evita que se rompan las fibras. Para verificar si está lista puede atravesarla con un cuchillo. Si está blanda se retira del fuego.
El método al vapor conserva mejor los minerales y antioxidantes. Al no tener contacto directo con el agua, la pérdida de nutrientes es menor. Este sistema ofrece una remolacha con sabor más concentrado.
El horno potencia la dulzura natural. Algunos cocineros la asan entera y envuelta en papel aluminio para que se cocine en sus propios jugos. Se recomienda usar temperatura media. El calor muy alto puede quemar los azúcares y generar sabor amargo.

Después de la cocción conviene dejarla reposar para que enfríe sola. No se aconseja colocarla bajo el chorro de agua. Ese choque altera la textura y la vuelve acuosa. La piel se retira cuando ya está cocida.
Si usted la hierve puede aprovechar el agua de cocción. Este líquido aromático sirve para caldos, sopas y para dar color a arroces o pastas.
Algunas vitaminas como el ácido fólico se degradan con cocciones prolongadas. Por esa razón el vapor y el horno permiten mayor conservación nutricional. Incluso cocida la remolacha mantiene fibra y antioxidantes.
La elección del método define el resultado final. Respetar la piel, controlar el tiempo y moderar el calor, mejora el sabor y protege sus nutrientes.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
