
San José se está transformando en una capital cada vez más ruidosa y aunque eso no parece ser una novedad, sí puede significar una alerta sanitaria para las autoridades y para los más de dos millones de costarricenses que transitan por allí continuamente.
Con el objetivo de determinar cuáles son las fuentes que generan ese enorme ruido para así tomar medidas y atenuarlas, especialistas de la Escuela de Ciencias Ambientales de la Universidad Nacional (UNA), en conjunto con expertos de la Municipalidad de San José, están haciendo actualmente un monitoreo de 32 distintos puntos de la ciudad capital.
Todos estos sitios están ubicados en el casco central de la capital, específicamente en zonas donde hay iglesias, talleres mecánicos e industriales, fábricas, karaokes y canchas de futbol sala, que son tradicionalmente los sitios con mayor bullicio.
El cómo. El estudio en curso se inició en febrero de este año y consiste en hacer muestreos semanales para determinar qué es lo que produce ruido y cómo afecta a las personas o animales que le rodean. “Esta información podría ayudar en el futuro a mejorar la ubicación de estaciones de buses o de ciertos servicios cercanos a apartamentos, hospitales, escuelas o iglesias”, dijo a La Nación Luis Fernando Fonseca, funcionario del departamento de Gestión Ambiental de la Municipalidad de San José.
Cada muestreo mide la magnitud o intensidad de los sonidos a través de los llamados decibeles o decibelios (dB).
Esta medición se realiza en un mismo sitio durante varios días y a distintas horas y momentos del año. Por ejemplo, se hacen turnos de 8 a. m. a 12 mediodía y de 2 p. m. a 6 p. m. Un tercer turno incluye desde las 10 p. m. y hasta las 3 a. m.
“Esto permitirá conocer el escenario completo de lo que ocurre en San José con respecto al ruido”, añadió Fonseca.
Para hacer las mediciones se utilizan varias técnicas. La más importante es el uso de un aparato llamado sonómetro. Este instrumento es pequeño y electrónico.
Los sonómetros están en capacidad de identificar y medir los sonidos en dos rangos audibles para el ser humano normal. El primero es entre los 40 y 80 decibeles y el segundo, entre los 80 y 120 decibeles.
Nótese que en una casa tradicional el nivel de ruido puede alcanzar los 50 decibeles, mientras que el tráfico en una ciudad genera de 80 decibeles en adelante. Para la OMS, el límite superior deseable de ruido en una ciudad no debe ser mayor a los 50 decibeles.
En espera. En el mediano plazo el objetivo de la investigación conjunta de la UNA y la Municipalidad de San José es crear un mapa del ruido ambiental de la capital, pero aún los datos están muy incipientes.
La primera de tres etapas previstas para confeccionar el mapa finalizará en octubre de este año y la segunda será en el 2010.
Mientras tanto, los expertos se niegan enfáticamente a revelar resultados preliminares, al parecer, porque consideran que hacerlo puede alterar el muestreo científico y los ánimos de quienes puedan verse afectados por los datos que se detecten.
“Yo no me atrevería a decir que San José es una ciudad muy ruidosa hasta que termine de ver los datos del estudio. Además, tampoco podríamos decir todavía si es más o menos ruidosa que otra ciudad... es decir, ¿comparada con quién? Hasta que tengamos los datos podremos comparar”, dijo, cautamente, Luis Fernando Fonseca.
Sin embargo, él mismo reconoció que la Municipalidad de San José sí recibe periódicamente denuncias de personas que se quejan del ruido de sitios alrededor de sus casas de habitación, especialmente junto a karaokes o salones de baile. “Existe un protocolo para actuar con esas quejas. Nuestros inspectores visitan el sitio y hacen las mediciones y allí determinan si hay contaminación sónica”, dijo el funcionario.
Según el reglamento vigente del Ministerio de Salud, los niveles de ruido permitidos en este momento en el país son 45 decibeles de 8 p. m. a 6 a. m. y, de 65 decibeles de 6 a. m. a 6 p. m. Estos niveles de contaminación sónica pueden subir los 75 decibeles en zonas industriales.