Irene Rodríguez. 13 octubre
Los hisopos NasoVida fueron diseñados en computadora, con modelado 3D en Computer Assisted Design (CAD), y creados en impresoras 3D de resina. Estas impresoras aplican la técnica de estereolitografía, la cual foto-solidifica la resina biocompatible líquida para formar un hisopo sólido capa por capa. Fotografía: Cortesía NasoVida.
Los hisopos NasoVida fueron diseñados en computadora, con modelado 3D en Computer Assisted Design (CAD), y creados en impresoras 3D de resina. Estas impresoras aplican la técnica de estereolitografía, la cual foto-solidifica la resina biocompatible líquida para formar un hisopo sólido capa por capa. Fotografía: Cortesía NasoVida.

La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) utiliza hisopos 100% costarricenses para el diagnóstico del virus SARS-CoV-2, causante de la covid-19.

Los primeros en utilizarse fueron desarrollados por el Laboratorio Clínico del Hospital Nacional de Niños (HNN), que utilizó un modelo libre de uso para instituciones médicas. Este modelo ya contaba con permisos de uso de emergencia por parte de la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés). Su utilización comenzó en junio pasado.

Estos son de los principales insumos que tiene la CCSS como arma para la detección para la covid-19. Hasta el momento se han producido 25.000, y se trabaja en la producción durante 24 horas.

Además, el emprendimiento costarricense Nasovida comenzó a hacer estos hisopos desde cero, y ya entregó las primeras 300 unidades y está preparando más.

Esta iniciativa, impulsada por la Universidad de Costa Rica (UCR), nació con la crisis de la pandemia para buscar soluciones y proveer estos implementos, que por razones de la alta demanda a nivel mundial resultan escasos.

El costo de cada hisopo es de $0,98 (IVA incluido, unos ¢588), cifra que tiene un margen de ganancia muy bajo, pues el propósito es ayudar a la escasez que presenta la CCCSS con respecto a este dispositivo.

“Queremos que con la ayuda de la población podamos llegar a donar un paquete de 10.000 hisopos”, aseveró Jose Pablo Carballo Gómez, egresado de la carrera de Ingeniería Eléctrica de la UCR y uno de los fundadores de Nasovida.

El proceso

Nasovida fue formada por Carballo en conjunto con Juliana Castro Lapeira, dentista con especialidad en prostodoncia, y Juan Francisco Quesada Brizuela, ingeniero en computación y máster en Ciencias de la Computación.

En la UCR se brindó apoyo durante el proceso de diseño, y allí se realizaron las pruebas mecánicas y microbiológicas de conteo celular de los hisopos, dentro de la investigación que se desarrolló en conjunto entre las facultades de Ingeniería y Microbiología.

El estudio se centró en conocer si alguno de los diseños de hisopos ya conocidos funcionaban para ser producidos y distribuidos localmente, y ser donados a la CCSS. Aparte de estos diseños, también se probaron otros que fueron hechos por investigadores de la UCR y a ellos se sumaron los que aportó el equipo de NasoVida.

“Una de las propuestas que ellos presentaron fue la que se identificó como la mejor opción para ser utilizada, tanto por la facilidad de producción como por sus propiedades en el ámbito mecánico. Las pruebas para determinar esta conclusión se realizaron en la UCR y en laboratorios dentales privados que colaboraron en la consecución de este proceso, ya que ofrecían la tecnología necesaria en impresoras 3D especiales”, explicó Lilliana Rojas Guillén, gestora de innovación para las áreas de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Unidad de Gestión y Transferencia del Conocimiento para la Innovación (ProinnovaUCR), ente que también dio apoyo a la propuesta.

Los creadores del producto lo definen como un trabajo en equipo.

“El diseño de estos hisopos fue realizado por las tres personas que fundamos NasoVida, pero los especialistas de la UCR nos ayudaron muchísimo con las pruebas y así fuimos validando las características del dispositivo que estábamos creando”, recalcó Carballo.

Una de las cualidades que se pulió durante ese proceso fue la capacidad de raspar o tomar la muestra de la cavidad nasofaringe, afirmó Carballo, así como también la posibilidad de acarrear esa muestra o transportarla de manera eficaz para poder extraerla y guardarla para su posterior análisis.

Proinnova UCR les brindó asesoría sobre propiedad intelectual y en cuanto al uso de las tecnologías que estaban probando, para visualizar si se compartía de manera abierta los diseños de los hisopos.

“También se estudiaron las características de los hisopos, sus aplicaciones y demás aspectos importantes de esta propuesta, que al final resultó en un emprendimiento que contó con el apoyo de la Universidad”, destacó Rojas.