
El consumo habitual de café no solo actúa en el sistema nervioso. También modifica la microbiota intestinal y se asocia con cambios en el comportamiento y la cognición. Así lo describe un estudio publicado en Nature Communications, que analizó la relación entre el café, las bacterias del intestino y el funcionamiento del cerebro en adultos sanos.
El trabajo se centró en el eje microbiota-intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional que conecta los microorganismos intestinales con procesos como el estrés, la emoción y la memoria. Para examinar este vínculo, los investigadores compararon personas que consumían café de forma habitual con otras que no lo consumían, y luego evaluaron los efectos de suspenderlo y reintroducirlo.
Los resultados mostraron diferencias claras en la composición de la microbiota. Quienes bebían café presentaban mayor abundancia de bacterias como Cryptobacterium y Eggerthella. Al mismo tiempo, tenían menores niveles de compuestos asociados con la actividad intestinal y cerebral, como el ácido indol-3-propiónico, el indol-3-carboxialdehído y el neurotransmisor GABA.
Estos cambios también aparecieron en el comportamiento. Las personas consumidoras de café registraron mayor impulsividad y mayor reactividad emocional. En contraste, quienes no consumían café mostraron mejor desempeño en pruebas de memoria.
El estudio incluyó una fase de abstinencia de 14 días y una posterior reintroducción del café, tanto con cafeína como descafeinado. Durante la abstinencia, algunas de las alteraciones metabólicas se revirtieron. Al reintroducir la bebida, los cambios en la microbiota reaparecieron rápidamente, incluso cuando el café no contenía cafeína. Este resultado indica que otros compuestos del café, como los polifenoles, también participan en estos efectos.
Además, los investigadores identificaron nueve metabolitos clave —entre ellos cafeína, teofilina y ácidos fenólicos— que se relacionan tanto con las bacterias intestinales como con medidas cognitivas.
El estudio describe que la dieta de los participantes se mantuvo estable durante el proceso, lo que permitió asociar los cambios observados específicamente con el consumo de café.
Los autores señalan que estos hallazgos permiten vincular el consumo de café con modificaciones medibles en la microbiota y en funciones del cerebro. También indican que algunos efectos son reversibles y dependen de la presencia continua de la bebida.
