Irene Rodríguez. 6 agosto
Uno de los tamizajes que se realizaron para buscar covid-19 fue en Pavas, uno de los mayores focos de contagio. Fotografía: CCSS
Uno de los tamizajes que se realizaron para buscar covid-19 fue en Pavas, uno de los mayores focos de contagio. Fotografía: CCSS

En los últimos días se ha escuchado el término “alerta sindrómica” como uno de los componentes que se toman en cuenta a la hora de declarar a un cantón o distrito en alerta naranja o amarilla, que implican diferente nivel de restricciones para el comercio y la circulación de vehículos.

No obstante, este no es el único uso que estas alertas tienen en términos de salud pública. La alerta sindrómica ayuda a prever, días antes, si hay un riesgo mayor de un brote de una enfermedad infecciosa en determinado lugar. Covid-19 es una de ellas.

¿Cómo funciona? De acuerdo con Marvin Cervantes, epidemiólogo que ha estado al frente de la atención de vigilancia sindrómica de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), no es una predicción (pues no hay “bolitas de cristal en las epidemias), ni se trata de un pronóstico como el del estado del tiempo.

Esta vigilancia, explicó, más bien funciona como un radar. Se busca prever, con base en el análisis de síntomas, en este caso, de enfermedades respiratorias, cómo se comporta una enfermedad y ver si esto implicaría que pueda darse un brote.

“Ya hemos tenido resultados que nos permiten tomar decisiones. Por ejemplo, en zonas indígenas nos ha permitido ver señales y discriminar. En zonas más grandes, como Guanacaste, en la región Chorotega, se han detectado aumento de síntomas y ha permitido tomar decisiones para evitar brotes más grandes”.

“No es un diagnóstico de covid-19, es un prediagnóstico. Desde que la gente llega con síntomas y se le hace la prueba, ya se van enviando al sistema desde antes de tener el resultado. Nos permite proyectar, con dos semanas de antelación, dónde podrían salir más casos. La vacuna no está a la vuelta de la esquina, tenemos que adelantarnos al virus”.

¿Cómo funciona?

La vigilancia sindrómica no es nueva. Comenzó hace 11 años y se ha utilizado como radar para otras enfermedades como influenza, dengue o zika. Sin embargo, en contexto de pandemia, la prioridad en este momento es covid-19.

Se trata de un sistema informático que compila varias cosas. La primera, y puerta de entrada al resto de la herramienta, es la vigilancia de síntomas. Cada vez que una persona ingresa a cualquier tipo de servicio de salud de la CCSS con algún síntoma sospechoso de covid-19, este se añade directamente a la división de vigilancia sindrómica del sistema del Expediente Digital Único en Salud (EDUS).

De acuerdo con Leandra Abarca, directora del Programa de Inmunizaciones de la CCSS y quien también trabaja con el sistema de vigilancia de la salud de la CCSS, la combinación de fiebre y tos es la principal alerta para esta vigilancia, aunque no la única, pues hay otros síntomas.

La información se toma con base en dónde vive la persona. Es decir, si una persona fue a consultar en un área (de salud) que no es en la que vive, quedará registrada en su lugar de residencia y no en el lugar donde fue atendida.

“Hay personas que por cuestiones de trabajo deben movilizarse mucho. Hay personas que, digamos, viven en Guadalupe centro, pero tenían por trabajo a Pavón de Golfito. Si la persona se sintió mal allá y consultó allá, no queda registrado en Pavón, si no en el lugar donde vive, porque ahí es donde pasa la mayor parte del tiempo”, destacó Cervantes.

Esta información se recoge en un servidor central y en donde se ven y analizan los movimientos en 24 horas. Según los reportes que este servicio envíe se generan alertas.

“Se trabaja de siete días en siete días. Todas las áreas de salud reciben un reporte los lunes. Si se ve un aumento de casos no esperado para las condiciones usuales, nos indica que podríamos estar ante un posible brote”, explicó Abarca.

Hay tres tipos de alertas: la C1, que indica que hay un 60% de probabilidades de un brote; la C2, donde las posibilidades son de un 70% y la C3, en donde el riesgo de un brote, en este caso de covid-19, es de un 82%.

“Nos proyecta por cantón, por distrito y por barrio, de manera que, a nivel nacional se sabe lo que pasa, pero incluso a nivel de barrio, en lo más localizado”, expresó Cervantes.

Esta información es enviada al Área de Salud con los datos del barrio donde están los casos que genera la alerta, con lo cual pueden tomar decisiones antes de que los laboratorios confirmen realmente la presencia de casos positivos. Con esto podrían tomarse decisiones cómo intervenir en un barrio o distrito específico.

Acción comunal

Abarca y Cervantes coinciden en que esta información es la que pone a actuar a cada comunidad de acuerdo con sus condiciones específicas.

“El informe que reciben les hace revisar posibles diagnósticos y anticipar un posible brote para así reforzar qué mensajes deben darse a la población de ese lugar y cómo deben trabajar con los líderes comunales”, señaló Abarca.

Cervantes complementa: “Hay barrios o lugares donde el líder comunal no es exactamente el dirigente de la asociación de desarrollo, puede ser el pulpero, el que vende periódicos, la maestra de la escuela, esas personas que llevan años en la comunidad y son líderes. Trabajar con ellas puede marcar la diferencia”.

“Es saber: si mi barrio está en alerta, eso me pone en riesgo”, agregó.

El epidemiólogo afirma que esta alerta también es señal de ver en cuáles comunidades ha calado el mensaje de las autoridades de salud y en cuáles no, qué mensajes deben reforzarse para que la gente no solo escuche el mensaje si no que también actúe en consecuencia con este.

Herramienta importante, pero con sus debilidades
En los lugares donde se sabe que puede haber brotes, se intensifican las campañas de la importancia de la higiene. Este material fue repartido en Pavas. Fotografía: José Cordero
En los lugares donde se sabe que puede haber brotes, se intensifican las campañas de la importancia de la higiene. Este material fue repartido en Pavas. Fotografía: José Cordero

Cervantes define a la vigilancia sindrómica como “un faro en la oscuridad”, dado las condiciones de incertidumbre que pueden darse durante una pandemia.

No obstante, tanto él como Abarca señalan que hay debilidades en el sistema y por eso mismo también se trabaja con otras herramientas como las visitas domiciliarias.

Una de las debilidades es que depende de que las personas lleguen a consultar al Ebáis o clínica, si las personas no consultan y pasan su enfermedad en su hogar, o si buscan algo en una farmacia y se devuelven a casa, el sistema no los captaría y esto no se vería reflejado en las alertas.

La falta de seguro social en algunas poblaciones los aleja de consultar, aun cuando se ha dicho que se les atenderá a los sospechosos de covid-19 sin necesidad de seguro.

Si son muchas personas las que sintiéndose enfermas no consultan, se podrían escapar posibles brotes.

Para Abarca, el caso de Pavas combina varias situaciones para las cuáles no se detectó una posible alerta.

“Pavas tiene muchos determinantes sociales de la salud en su población que influyeron en una aparición repentina de casos”, dijo la especialista.

Cervantes concluye: “Hay comunidades que presentan necesidades más específicas y hay puntos focales a los que deben prestarse atención. Es tener un trabajo conjunto para minimizar el impacto”.