
El río Virilla ya no figura solo como uno de los cuerpos de agua más contaminados de Latinoamérica, sino que también se perfila como una bomba de tiempo por la presencia de bacterias multirresistentes que comprometen la efectividad de los tratamientos médicos, según indica un comunicado de la Oficina de Comunicación Institucional de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Cuatro estudios liderados por la UCR y la Universidad Nacional (UNA), identifican 65 genes de resistencia en el cauce. Estas investigaciones contaron con la coautoría del Centro Nacional de Alta Tecnología (CeNAT) y especialistas de Noruega y Alemania.
La Dra. Kenia Barrantes Jiménez, una de las investigadoras y científica del Instituto de Investigaciones en Salud (Inisa-UCR), explicó que estos genes permiten a las bacterias sobrevivir a antibióticos que normalmente las eliminarían. Los análisis detectaron microorganismos con hasta doce genes de resistencia de forma simultánea.
Estas bacterias adquieren una armadura biológica contra múltiples fármacos y desinfectantes. La Dra. Barrantes señaló que este fenómeno se vincula con la baja inversión en saneamiento.
La planta de tratamiento Los Tajos, que atiende a más de un millón de personas en el Gran Área Metropolitana, solo realiza un tratamiento primario, según indicó Barrantes. Lo más pequeño (microscópico) sale al río Torres y luego llega al río Virilla.
Aunque el reporte aclara que no hay estudios que confirmen que estas bacterias ya enferman a seres humanos, el riesgo es latente. El Dr. Keilor Rojas Jiménez, de la Escuela de Biología de la UCR y otro de los investigadores, advirtió que estos genes podrían transferirse a bacterias patógenas que causan infecciones en las personas.

Costa Rica se ubica actualmente entre las naciones con niveles graves de resistencia bacteriana según el microbiólogo José Arturo Molina Mora. El artículo científico Infection & Chemotherapy posiciona al país con una alta resistencia a los carbapenémicos, que son los fármacos más avanzados para tratar infecciones severas.
Los especialistas identificaron una cepa de Escherichia coli en el río con resistencia a siete antibióticos distintos. Este microorganismo habita en el tracto intestinal y provoca fuertes cuadros de diarrea.
La Dra. María Arias Andrés, investigadora del estudio e integrante del Instituto Regional de Estudios en Sustancias Tóxicas (IRET-UNA), mencionó el peligro para la fauna. El contacto de animales con estas aguas podría originar zoonosis, que es la transmisión de enfermedades de animales a humanos.
La transferencia de estos genes ocurre mediante moléculas de ADN llamadas plásmidos. El comunicado indica que los investigadores instan a fortalecer la política pública para mejorar la gestión de aguas residuales y frenar la propagación de estas amenazas.
