
La misión Artemis II de la NASA marca el retorno del ser humano al satélite natural tras más de 50 años. Un equipo de 30 ingenieros españoles de la empresa Airbus Crisa diseñó y fabricó dos Unidades de Control Térmico (TCU) para la nave Orión. Estas piezas resultan vitales para la supervivencia de la tripulación en el espacio profundo.
El lanzamiento ocurre el 1 de abril. Cuatro astronautas orbitarán la Luna durante 10 días. La nave viajará a más de 400.000 kilómetros de la Tierra.
Este hito sitúa al hombre en el punto más lejano alcanzado en el universo. La tecnología europea regula el ambiente interno del módulo ante condiciones extremas.
Las unidades TCU funcionan como el cerebro del soporte vital. El entorno espacial presenta cambios térmicos hostiles. Las temperaturas oscilan entre los -200 °C en la sombra y los 100 °C en zonas iluminadas. El sistema mantiene el equilibrio térmico y asegura el suministro de agua y aire para los astronautas.
Jesús Ortiz, responsable de arquitectura en Airbus Crisa, explicó a Europa Press que estas unidades son fundamentales. La nave transporta dos dispositivos por seguridad. Cada equipo soporta un doble fallo sin comprometer la misión. Los aparatos procesan datos de 230 sensores y controlan más de 100 calentadores.
El diseño destaca por su ligereza. Cada unidad pesa solo 11 kilogramos. A pesar de su tamaño, suministra una potencia de 1,4 kW. Esta energía equivale a la necesaria para calentar una habitación en un hogar común. Las bombas de aire y agua hacia el módulo tripulado dependen totalmente de este mando.
Los especialistas realizan pruebas en una sala de ensayos de 1.000 metros cuadrados. El personal simula las presiones del lanzamiento y el vacío del espacio profundo.
Jorge Peña, jefe de operaciones de test, indicó que usan cámaras térmicas especiales. Estos equipos replican los rangos térmicos que la nave enfrentará durante los eclipses solares.
Esta colaboración integra el Módulo de Servicio Europeo (ESM). La Agencia Espacial Europea lidera la construcción del módulo en Bremen, Alemania. Es la primera ocasión en que la NASA delega un sistema tan crítico a una empresa no estadounidense. Ortiz señaló que el equipo manifiesta una gran expectación y responsabilidad ante el próximo despegue.
