
El sobrevuelo de la Luna del 6 de abril marcó el punto más lejano alcanzado por humanos en más de cinco décadas y activó la última fase de la misión Artemis II. Tras ese hito, la tripulación inició el regreso a la Tierra con una agenda centrada en maniobras, análisis científico y preparación para el reingreso.
Durante el día 6, la nave Orion completó un recorrido de siete horas alrededor de la cara oculta lunar. La tripulación capturó imágenes de cráteres, flujos de lava antiguos y fracturas en la superficie. También registró fenómenos poco frecuentes, como destellos provocados por impactos de meteoritos y un eclipse solar observado desde el espacio profundo.
El vuelo alcanzó un máximo de 405.000 kilómetros de distancia de la Tierra, superando el récord del Apolo 13. El paso por detrás de la Luna implicó una pérdida temporal de señal y permitió observar eventos como el “Earthset” y el “Earthrise”, claves para la documentación científica y simbólica de la misión.
7 de abril: salida de la influencia lunar y primer impulso de regreso
El día 7 marca el cambio de fase. La nave abandona la influencia gravitacional de la Luna y entra en trayectoria directa hacia la Tierra.
La jornada inició con el envío de las primeras imágenes del sobrevuelo, incluyendo registros del eclipse y de la superficie lunar. Luego, la tripulación sostiene una comunicación con astronautas de la Estación Espacial Internacional, en un intercambio técnico y simbólico entre misiones en curso.
Horas después, los astronautas participaron de una sesión con equipos científicos en Tierra. El objetivo es capturar impresiones inmediatas del sobrevuelo, antes de que la memoria operativa se diluya. Este tipo de insumos se utiliza para ajustar futuras misiones, incluidas Artemis III y posteriores.
El momento clave ocurrirá en la noche: Orion ejecuta el primero de tres encendidos de corrección de trayectoria. Esta maniobra redefine la ruta de retorno y asegura el ingreso controlado a la atmósfera terrestre en los días finales.
Tras la maniobra, la tripulación entra en periodos de descanso escalonados. Es el primer espacio operativo de baja carga desde el inicio de la misión.
8 de abril: pruebas de supervivencia y control manual
La agenda del día 8 se centra en validar sistemas críticos para misiones de larga duración.
La tripulación construirá un refugio improvisado dentro de la nave para simular protección ante eventos de radiación solar. Este experimento responde a uno de los principales riesgos de la exploración en espacio profundo.
Más tarde, los astronautas asumirán el control manual de Orion. Ejecutarán maniobras de orientación, alineación con el Sol y navegación visual. La prueba compara sistemas automatizados con intervención humana, un factor clave para futuras operaciones en órbita lunar o marciana.
9 de abril: preparación para el reingreso
El penúltimo día en órbita está dedicado a preparar el retorno.
La tripulación revisa protocolos de reingreso y amerizaje. También ejecuta la segunda corrección de trayectoria, necesaria para ajustar con precisión el punto de entrada a la atmósfera.
Se realizan pruebas adicionales, como sistemas de contingencia para manejo de desechos y evaluación de prendas de compresión. Estas prendas ayudan a contrarrestar efectos fisiológicos del regreso a la gravedad terrestre, como mareos o desorientación.
10 de abril: reingreso y cierre de misión
El último día concentra las operaciones críticas.
Una tercera maniobra corregirá la trayectoria final. Luego, el módulo de tripulación se separará del módulo de servicio, exponiendo el escudo térmico que soportará temperaturas cercanas a los 1.650 °C durante el reingreso.
Tras atravesar la atmósfera, Orion desplegará una secuencia de paracaídas que reduce su velocidad antes del amerizaje en el océano Pacífico. Equipos de rescate de la NASA y la Marina de Estados Unidos esperarán en la zona para recuperar a la tripulación.