
En las cumbres heladas de los Andes peruanos, momias infantiles incas empiezan a revelar hallazgos inéditos sobre la capacocha. Este ritual fue uno de los más relevantes del Imperio inca. Un estudio bioarqueológico identificó el primer caso conocido de momificación deliberada aplicada a una niña sacrificada. El hallazgo sugiere que el rol de estas víctimas no terminó con la muerte.
La capacocha consistía en el sacrificio de niños y jóvenes mujeres ofrecidos a las divinidades andinas. Las montañas sagradas ocuparon un lugar central en estas ceremonias. Aunque cronistas españoles describieron el ritual tras la conquista, durante siglos no existieron pruebas arqueológicas directas.
Ese vacío empezó a cerrarse en la década de 1990. El arqueólogo Johan Reinhard localizó momias congeladas con ofrendas funerarias en volcanes como Ampato y Sara Sara, en Perú. La altitud extrema, el frío intenso y la aridez permitieron una conservación excepcional. Estos factores abrieron una ventana única para estudiar las prácticas rituales incas.
Aun así, persistieron dudas sobre la muerte y el destino final de los niños sacrificados. Con el objetivo de aclarar esos aspectos, un equipo de la Universidad de Varsovia analizó cuatro momias infantiles mediante tomografía computarizada. El estudio no invasivo se publicó el 29 de enero en el Journal of Archaeological Science: Reports.
Hallazgos internos clave
Los restos proceden de sitios volcánicos de gran altitud. En esos lugares, las bajas temperaturas y la ausencia de microorganismos favorecieron la preservación de tejidos blandos. Las tomografías permitieron observar detalles invisibles con métodos tradicionales. Entre ellos destacó el primer caso documentado de intervención intencional post mortem en una víctima de capacocha.
Las imágenes revelaron que todos los niños murieron por golpes en la cabeza, lo que confirma un sacrificio violento. En una niña de unos ocho años apareció un hematoma intracerebral. También surgieron indicios compatibles con la enfermedad de Chagas, como dilatación del esófago y calcificaciones pulmonares. En la llamada Señora de Ampato, conocida como Juanita, se detectaron lesiones en el tórax y la pelvis. Su rostro fue reconstruido en 2023.
La presencia de enfermedades previas cuestiona la idea de que solo niños físicamente perfectos participaban en la capacocha. Los investigadores plantean que los criterios de selección respondieron a factores simbólicos o políticos, más que a condiciones de salud.
Evidencia de un ritual prolongado
El caso más llamativo corresponde a la momia conocida como Ampato 4. Las tomografías mostraron una disposición interna anómala. Se observaron huesos desplazados, partes ausentes del esqueleto y piedras junto con posibles fragmentos textiles dentro de la cavidad abdominal. Estos elementos apuntan a una manipulación intencional tras la muerte.
El análisis indicó que la niña fue sacrificada en otro lugar y luego trasladada. Su cuerpo recibió una restauración simbólica antes del entierro final. Esta práctica se relaciona con el sistema de mitimaes, mediante el cual el Imperio inca reubicó poblaciones junto con sus objetos sagrados para reforzar vínculos religiosos en nuevos territorios.
En este contexto, los niños sacrificados funcionaron como mensajeros permanentes entre el mundo humano y el divino. La evidencia de enterramientos secundarios y manipulaciones posteriores sugiere que su papel ritual continuó durante largo tiempo. Estas prácticas mantuvieron a las víctimas presentes en la memoria colectiva y en la geografía sagrada del imperio.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
