
La británica Victoria Wright fue diagnosticada desde la infancia con querubismo, una enfermedad genética que provocó crecimiento anómalo de la mandíbula y saliencia ocular. Su caso visibilizó una condición rara que impacta la salud física, la autoestima y la vida social de quienes la padecen.
El querubismo es hereditario y está asociado a una mutación en el gen SH3BP2, responsable de alterar el remodelado óseo. En lugar de desarrollarse de forma normal, la mandíbula y la maxila se transforman en un tejido fibroso que genera lesiones y da volumen al rostro.
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El término proviene de la semejanza de los pacientes con los querubines del arte renacentista, representados con mejillas redondeadas. Los síntomas suelen aparecer en la niñez y progresan hasta la pubertad. En algunos casos la condición disminuye con el tiempo; en otros, permanece en la edad adulta.
Además de los cambios visibles, el querubismo puede causar dificultades para hablar, masticar, respirar y ver. El dolor no es frecuente, aunque algunos pacientes reportan molestias, sinusitis o incomodidad facial.
Diagnóstico y tratamiento
La detección se realiza con radiografías panorámicas y tomografías computarizadas. Los estudios histológicos confirman la presencia de lesiones y guían el abordaje médico.
No existe un protocolo universal de tratamiento. El manejo se ajusta a cada caso y suele involucrar equipos multidisciplinarios. Las cirugías de curetaje o remodelado se aplican para liberar vías respiratorias u oculares y, en ocasiones, para mejorar la apariencia. El seguimiento debe mantenerse desde la niñez hasta la adultez.
El acompañamiento incluye profesionales de odontología, oftalmología, fonoaudiología y psicología, con el fin de preservar la salud integral y la calidad de vida.
Impacto social y personal
Victoria Wright relató que desde pequeña enfrentó burlas, insultos y acoso escolar debido a su apariencia. Esa experiencia se extendió a la vida adulta, con episodios de discriminación en espacios públicos e incluso en consultas médicas.
La británica decidió no someterse a cirugías estéticas porque considera que su rostro está ligado a su identidad. Sí recibió intervenciones médicas para proteger su visión, pero rechazó modificaciones con fines cosméticos.
Con el tiempo se convirtió en activista por los derechos de personas con desfiguraciones faciales, denunciando el estigma y la violencia social que aún persisten. Hoy combina su trabajo en relaciones públicas con la labor comunitaria y la crianza de su hija.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
