
Los terremotos suelen considerarse fenómenos difíciles de anticipar. Sin embargo, en algunas fallas geológicas del fondo oceánico, los sismos grandes ocurren de forma sorprendentemente regular. Un estudio publicado en la revista Science encontró que esta repetición está asociada con estructuras específicas dentro de las fallas que actúan como barreras naturales para las rupturas sísmicas.
La investigación se centró en la falla transformante de Gofar, ubicada en el océano Pacífico oriental, en el límite entre las placas del Pacífico y Nazca. En esta región, terremotos de magnitud cercana a 6 se repiten en ciertos segmentos cada cinco o seis años. Entre esas zonas activas existen áreas conocidas como “barreras”, donde las rupturas de los grandes terremotos se detienen.
Para entender qué ocurre en esos sectores, los científicos analizaron registros obtenidos mediante sismómetros instalados en el fondo marino durante dos experimentos que capturaron ciclos sísmicos completos, incluidos terremotos ocurridos en 2008 y 2020.
Los datos mostraron que las barreras no son completamente silenciosas. Antes de los terremotos principales concentraron una intensa actividad de microsismos y secuencias precursoras. Después de los eventos mayores, esa actividad disminuyó de manera abrupta.
Además, los investigadores identificaron que estas zonas poseen una arquitectura compleja formada por múltiples ramificaciones de fallas y pequeños desplazamientos laterales de entre 100 y 400 metros. También encontraron señales compatibles con una mayor presencia de poros, daños acumulados en las rocas y circulación de fluidos marinos en profundidad.
Según el estudio, estas características permiten que las barreras absorban parte de la deformación mediante movimientos lentos y microsismos, en lugar de liberar energía en grandes terremotos. De esta forma, aíslan los segmentos vecinos de la falla e impiden que una ruptura se propague a distancias mayores.
Los autores concluyen que estos procesos, relacionados con fluidos y daños estructurales en la roca, explican mejor el comportamiento observado que otras hipótesis basadas únicamente en la geometría de la falla o en cambios de fricción. Las barreras, señalan, ayudan a regular los ciclos sísmicos cuasiperiódicos observados en Gofar y posiblemente en otras fallas transformantes oceánicas del planeta.
