
Irse de una fiesta sin avisar a nadie no siempre responde a una falta de educación. La psicología señala que esta conducta puede relacionarse con la necesidad de proteger el bienestar emocional y evitar una sobrecarga provocada por la interacción social prolongada.
En reuniones, fiestas y otros encuentros sociales, algunas personas permanecen durante varias horas y luego se marchan sin despedirse. Aunque esta acción suele interpretarse como descortesía, especialistas indican que puede ser una forma de autocuidado.
El psicólogo José Martín del Pliego explicó a la revista Cuerpo Mente que marcharse sin despedirse no guarda relación con la educación ni con las habilidades sociales. Según detalló, esta reacción responde a necesidades emocionales específicas.
El especialista indicó que los espacios con altos niveles de ruido pueden activar de forma excesiva el sistema nervioso central. Como consecuencia, algunas personas experimentan una sensación de sobresaturación y necesitan abandonar el lugar para recuperar la calma.
“Lo cierto es que despedirte te expone a más situaciones de contacto social mientras lo haces”, explicó el experto a la revista.
Desde esta perspectiva, las despedidas silenciosas funcionan como una estrategia para evitar un desgaste mayor. La prioridad pasa a ser la búsqueda de tranquilidad y el respeto por los propios límites.
Por otra parte, Trudy Meehan, profesora del Centro de Psicología Positiva y Salud de la Universidad de Medicina y Ciencias de la Salud RCSI, explicó a ScienceAlert que muchas personas llegan al final de un evento social con un nivel importante de agotamiento.
La académica señaló que socializar puede generar sentimientos de saturación emocional. También puede provocar preocupación por la imagen que se proyecta ante los demás, por el deseo de encajar y por el temor al rechazo.
“Para muchos de nosotros, socializar puede significar sentirnos abrumados, estar constantemente pendientes de la impresión que causamos, intentar encajar en las expectativas de los demás, compararnos con los demás y preocuparnos por el rechazo”, advirtió la profesional.
Meehan añadió que existe una tensión constante entre la necesidad de pertenecer a un grupo y el deseo de conservar la autenticidad personal. Cuando el proceso de despedirse se percibe como una obligación artificial, algunas personas prefieren retirarse de manera discreta.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
