
La NASA reconoció fallas propias y presiones programáticas vinculadas con Boeing en la misión tripulada de prueba de la nave CST-100 Starliner. El vuelo, que debía durar hasta ocho días, se extendió por más de nueve meses en la Estación Espacial Internacional (EEI). La agencia clasificó el episodio como el nivel más grave de incidente en vuelos humanos.
El informe final se divulgó el jueves 19 de febrero. La investigación se instauró en febrero de 2025. Una comisión independiente determinó que existió una interacción compleja de fallas de hardware, vacíos en procesos de calificación, errores de liderazgo y colapsos culturales. Según el documento, esos factores representaron riesgos inaceptables para la seguridad de la tripulación.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, asumió la responsabilidad institucional. Indicó que la Starliner presenta deficiencias de diseño e ingeniería que requieren correcciones. Señaló además que la falla más preocupante no se relaciona con el hardware, sino con la toma de decisiones y el liderazgo, lo que podría generar una cultura incompatible con vuelos espaciales tripulados.
Fallas técnicas durante el acoplamiento
La nave se lanzó el 5 de junio de 2024. A bordo viajaron los astronautas Barry “Butch” Wilmore y Sunita “Suni” Williams.
Durante la aproximación a la EEI, la Starliner registró fallas en cinco propulsores. El vehículo perdió el control de forma momentánea. Cuatro motores se recuperaron con apoyo del equipo en tierra. Esa acción permitió el acoplamiento con la estación.
La misión formó parte del Programa de Tripulación Comercial (CCP). Este modelo establece una responsabilidad compartida entre la NASA y empresas privadas. El informe concluyó que esa estructura se aplicó de manera inconsistente.
La agencia admitió que adoptó una postura de no interferencia directa. Esa decisión redujo su capacidad de supervisión sobre el desarrollo del vehículo y sobre los subcontratistas involucrados.
Prioridad al proveedor y ruptura del principio de seguridad
El informe indicó que la NASA priorizó el éxito del proveedor por encima del rigor técnico. La consecuencia más grave fue la ruptura del principio de responsabilidad de la prueba en materia de seguridad.
Los equipos técnicos de la agencia debieron demostrar que el sistema de propulsión no era seguro para el retorno de la tripulación. En un esquema adecuado, la empresa debía probar que la nave era segura.
Presión interna y ambiente hostil
La investigación señaló que, durante la crisis, la actitud de Boeing y de la dirección del programa fue percibida como una carrera irresponsable para forzar el regreso de la nave con los astronautas a bordo.
Ingenieros de la NASA que plantearon dudas sobre seguridad recibieron señalamientos de que sus preguntas eran demasiado detalladas o ajenas al alcance del debate. Desde la perspectiva de Boeing, la postura de la agencia resultó obstructiva y centrada en cuestionamientos continuos.
Mientras Wilmore y Williams permanecían a 400 kilómetros de altitud, las reuniones deliberativas se desarrollaron en un entorno descrito como improductivo. Testimonios recogidos por la comisión indicaron que aportes divergentes se ignoraron. También se registraron fallas en la comunicación interna y silenciamiento de ingenieros de seguridad.
Declaraciones anónimas describieron gritos en reuniones y un ambiente cargado de tensión. Algunos participantes dejaron de intervenir ante la percepción de que sus aportes se descartarían si no coincidían con el resultado esperado.
Responsabilidad compartida y lecciones para futuras misiones
El documento atribuyó responsabilidad tanto a la NASA como a Boeing. La agencia diseñó e implementó la estructura contractual. La empresa construyó el vehículo. Ambas organizaciones acordaron ejecutar el vuelo.
La NASA reconoció que el modelo de responsabilidad compartida se comprendió y aplicó de forma inconsistente. Pese al conflicto interno y a la extensión de la misión, testigos defendieron la decisión final de no traer a la tripulación en la nave de Boeing.
El informe subrayó que la excelencia técnica, la comunicación transparente y la claridad en roles y responsabilidades son elementos esenciales para el éxito de futuras misiones espaciales comerciales.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
