El museo más “verde” del orbe abrió sus puertas este año en el Parque Golden Gate de San Francisco, Estados Unidos.
Se trata de la Academia de las Ciencias de California, una obra maestra de la arquitectura valorada en $500 millones, que nace como un organismo vivo del terreno donde se ubica y, a la vez, alardea con lo mejor de las innovaciones técnicas, materiales reciclados y diseño bioclimático.
El espacio es simplemente sorprendente. Captura la atención su “techo vivo” de 10.000 metros cuadrados que consiste en siete montículos poblados de pasto y de flores autóctonas.
Esta cubierta integra 60.000 páneles para capturar la luz solar y que reduce en un 15% el consumo de energía del edificio.
El techo favorece el ingreso y salida de aire frío y caliente desde la estructura hacia afuera y, viceversa por lo que no se requiere de aire acondicionado. Además, permite que el 90% de las oficinas interiores se iluminen con la luz del sol, lo que favorece la salud de sus trabajadores y hasta su buen humor, dijo su creador, el italiano Renzo Piano, que en 1998 ganó el Premio Pritzer, considerado el Nobel de la arquitectura.
Por si fuera poco, el “techo viviente” sirve para recuperar unos 13 millones de litros de agua llovida al año, líquido que se usa en inodoros y para regar el jardín.
Al interior. Una vez frente a ella, la Academia de Ciencias evoca la sensación de ingravidez, pues la estructura del edificio parece estar flotando en el aire. Su fachada tiene un aire clásico ya que posee una hilera de columnas, como el Partenón. Sin embargo, estas no son de piedra sino de acero reciclado del edificio anterior, que se cayó tras el terremoto de California en 1989.
Cada columna mide 11 metros y sobre ella se deslizan enredaderas de plantas vivas.
Al ingresar al museo no acaban las sorpresas. Predominan el silencio y la frescura.
No es para menos, dentro de las paredes hay miles de jeans viejos que aislan el sonido entre cada sala. Además, oasis de bosque tropical se combinan con exposiciones sobre el cambio climático en California y la evolución de las especies en Madagascar y en las islas Galápagos.
Por si fuera poco, los cristales de las ventanas del edificio permiten que los diferentes tonos de la luz pasen directamente y transformen las estancias conforme pasan las horas y también las estaciones. Estos cristales fueron fabricados con bajo contenido de hierro para evitar la tonalidad verdosa que este le da al vidrio.
“Este museo es un regalo para nuestros hijos y es un grito contundente para que la siguiente generación entienda que la Tierra necesita ayuda”, afirmó Piano.
Por su liderazgo en eficiencia energética este es el primer museo del orbe reconocido por el Consejo para la Construcción Verde (Green Building Council) con el prestigioso certificado LEED Platino.