
En noviembre de 2025, la misión Juice logró observar el cometa interestelar 3I/ATLAS durante su paso cercano al Sol. Meses después, tras la recepción de datos en la Tierra y su análisis, la Agencia Espacial Europea (ESA) reveló en las últimas semanas cinco hallazgos que describen su comportamiento y origen.
Juice —la misión europea diseñada para estudiar las lunas heladas de Júpiter— activó cinco de sus instrumentos científicos para registrar imágenes, espectros y mediciones del cometa. Los resultados aún son preliminares, pero ofrecen una primera caracterización de un objeto que no se formó en el Sistema Solar.
1. Emisión sostenida de vapor de agua en niveles elevados
Las primeras mediciones muestran un cometa altamente activo. El 2 de noviembre de 2025, 3I/ATLAS expulsaba unos 2.000 kilogramos de vapor de agua por segundo, una cifra equivalente a 70 piscinas olímpicas diarias.
Aunque este nivel no rompe récords en comparación con otros cometas históricos, sí se ubica en el rango alto para objetos cercanos al Sol. Lo relevante es su persistencia: días después del perihelio, el cometa mantenía una liberación similar de material, lo que sugiere una actividad sostenida más allá del punto de máxima cercanía solar.
2. El vapor no solo proviene del núcleo: la coma también es fuente activa
Los datos indican que la mayor parte del vapor se liberaba en dirección al Sol, un patrón esperado por la radiación que calienta la superficie. Sin embargo, las observaciones añaden un matiz: una fracción significativa del agua no se origina directamente en el núcleo sólido.
En su lugar, proviene de granos de polvo helado que flotan en la coma, la envoltura difusa que rodea al cometa. Este comportamiento apunta a un sistema más dinámico, donde el material expulsado continúa transformándose y liberando gas incluso lejos de la superficie principal.
3. Una estructura que se extiende millones de kilómetros en el espacio
Las mediciones en ultravioleta permitieron rastrear la presencia de oxígeno, hidrógeno, carbono y polvo a lo largo de una vasta región. El rastro del cometa se extiende por más de cinco millones de kilómetros desde su núcleo.
Estas dimensiones no son inusuales en cometas activos, pero confirman la escala de la interacción entre el objeto y el entorno solar. La radiación, el viento solar y los campos magnéticos moldean esa estructura, generando colas que pueden alcanzar distancias aún mayores.
4. Un visitante interestelar que se comporta como un cometa ‘local’
Las imágenes de alta resolución muestran una escena familiar: una coma bien definida y dos colas diferenciadas. Una apunta en sentido contrario al Sol; la otra sigue la trayectoria orbital del cometa.
A pesar de su origen fuera del Sistema Solar, 3I/ATLAS no presenta anomalías visibles en su comportamiento cercano al Sol. Su dinámica se ajusta a lo que se observa en cometas conocidos, lo que sugiere que los procesos físicos que los gobiernan podrían ser comunes en distintos sistemas estelares.
5. Observaciones que afinan trayectorias y apoyan la defensa planetaria
El paso del cometa también permitió probar capacidades menos evidentes de la misión. Las imágenes obtenidas desde una posición distinta a la Tierra ofrecieron un ángulo adicional para calcular su trayectoria.
Esto permitió ajustar modelos orbitales y analizar cómo la liberación de gas y polvo altera su movimiento. Este tipo de medición es clave en defensa planetaria, donde pequeñas variaciones pueden modificar la predicción de la órbita de objetos potencialmente cercanos.
Contexto: un objeto antiguo que llegó sin previo aviso
El cometa 3I/ATLAS fue detectado en julio de 2025 y es apenas el tercer objeto interestelar identificado en atravesar el Sistema Solar. Su trayectoria apunta al disco de la Vía Láctea y sugiere un origen hace más de 10.000 millones de años.
Su aparición tomó por sorpresa a la comunidad científica. La coincidencia orbital permitió que Juice lo observara desde una posición única, generando un conjunto de datos poco frecuente sobre material formado en otros sistemas estelares.
El análisis continúa y se espera la publicación de estudios en los próximos meses. Mientras tanto, la misión sigue su ruta hacia Júpiter, con instrumentos que ya demostraron su capacidad para capturar eventos no previstos.