
Un estudio de la University College de Londres (Reino Unido) revela que los satélites de megaconstelaciones generan una contaminación crítica. Estos sistemas consisten en cientos o miles de dispositivos en órbita terrestre baja. Dicha clase de misiones espaciales provoca un crecimiento exponencial en los lanzamientos y reingresos recientes.
Actualmente, estos equipos representan el 42% del impacto climático total del sector espacial. Los investigadores examinaron en la revista Earth’s Future la polución por lanzamientos y restos de cohetes. El hollín producido permanece en la atmósfera superior mucho más tiempo que el de origen terrestre.
Esta permanencia provoca un impacto en el clima 540 veces mayor al hollín de la superficie. El equipo proyectó que estas misiones consumen más de la mitad del combustible para cohetes hoy en día. Los lanzamientos anuales casi se triplicaron entre 2020 y 2025.
El sistema Starlink de SpaceX destaca como la megaconstelación más conocida. Cuenta con casi 12.000 satélites en órbita hasta la fecha. La directora del proyecto, Eloise Marais, comparó esta situación con un experimento de geoingeniería a pequeña escala.
Ella advirtió sobre consecuencias ambientales graves e imprevistas por la falta de regulación efectiva. La acumulación de contaminantes disminuye la luz solar que llega a la Tierra. Este efecto de enfriamiento resulta mínimo ante el aumento de temperatura por el calentamiento global.
El autor principal, Connor Barker, señaló que los cohetes inyectan químicos en el último entorno prístino. Para 2029, el sector emitirá unas 870 toneladas de hollín cada año. Esa cantidad supera las emisiones anuales de todos los automóviles de pasajeros en el Reino Unido.
Los modelos actuales indican que el impacto en la capa de ozono es bajo. Los cohetes de queroseno no producen cloro. Sin embargo, nuevas misiones ya están en marcha y algunas emplean combustibles que sí emiten dicho químico. Empresas como Amazon y países como China desarrollan sus propias redes de satélites.
Para finales de la década, los lanzamientos apenas agotarán la capa de ozono en un 0,02%. Los científicos instan a regular la industria antes de causar daños que resulten irreversibles.
