
Desde los primeros años de vida, es muy fácil detectar cómo se parecen los rasgos faciales de los humanos a sus progenitores, hermanos e incluso tíos o abuelos. Pero con los primates no humanos esto no sucede así, esas similitudes comienzan a verse cuando alcanzan la pubertad.
Investigadores del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva y del Centro de Estudios de Simios en Göttingen, ambos en Alemania, se dieron a la tarea de ver cómo funciona esto. Otros homínidos como los monos, los macacos o los orangutanes tienen características de vida y socialización muy distintas a las nuestras. Una de las más evidentes es que tanto machos como hembras tienen múltiples parejas –incluso simultáneas– durante el período fértil, además, cambian de grupo social (es decir, las “manadas" en las que viven) varias veces durante su vida.
Los primeros resultados de estas pesquisas fueron publicados en la más reciente edición de la revista Proceedings of the Royal Society B.
Para esta investigación, los científicos contaron con el apoyo de biólogos de Cayo Santiago, Puerto Rico, a quienes les pidieron fotografiar la mayor cantidad de simios que pudieran. Posteriormente, se enfocaron solo en los macacos Rhesus, una de las especies de primates más estudiadas por la ciencia. Ellos nacieron en cautiverio, por lo que se sabía de antemano cuáles tenían una línea de parentezco.
Una vez con estas fotografías, se utilizó un programa de computación para determinar las similitudes en el sistema visual en los rostros de los macacos.
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Los investigadores no fueron capaces de identificar cuáles macacos “niños” pertenecían a determinados progenitores, pero comenzaron a tener más éxito conforme el hijo iba creciendo. Una vez que llegaban a la pubertad, sí era fácil determinar las relaciones de parentezco.
¿A qué se debe? Los científicos no están muy seguros, pero indican que ya para cuando un primate llega a la pubertad, ya está listo para encontrar pareja, y el reconocer los rasgos faciales puede hacerle buscar a alguien que no esté dentro de su grupo familiar. No obstante, destacan que también es durante su niñez que están más vulnerables a la agresión o muerte a manos de adultos.
“Podríamos pensar que es un poco obvio que los macacos se parezcan más a sus familiares adultos conforme van envejeciendo. Sin embargo, esto puede serles útil. Si no hay características detectables de similitud, es más fácil que no vayan a encontrar rechazo de adultos machos que pretendan aparearse con su madre”, señaló en un comunicado de prensa Anahita Kazem, autora principal del reporte.
Los científicos indican que la investigación continúa, pues aún les quedan muchas dudas por aclarar.
“Una pregunta clave para el futuro es saber si esta información visual efectivamente está siendo utilizada por los macacos, y cuáles son los beneficios de no ser identificado en la infancia y de luego sí serlo en la pubertad y después de esta”, expresó en el comunicado Anja Widdig, otra de las científicas a cargo del estudio.
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