Lucía Astorga. 1 diciembre, 2018
Los cocodrilos son mayoritariamente animales acuáticos, por lo que su presencia no es de extrañar en las zonas costeras del país. Foto: Archivo
Los cocodrilos son mayoritariamente animales acuáticos, por lo que su presencia no es de extrañar en las zonas costeras del país. Foto: Archivo

Aunque muchos puedan sentir asombro por encontrarse un cocodrilo al visitar ríos o playas en las zonas costeras de Costa Rica, lo cierto es que estos sitios son el hábitat natural de estas especies.

Además, tal y como lo recordó el biólogo de la Universidad Nacional (UNA), Iván Sandoval: “existen probabilidades de encontrar un animal de estos en toda la zona costera del país".

Lo que ha ocurrido en el territorio costarricense, es que las poblaciones de cocodrilos se han ido recuperando con los años, luego de estar en peligro de extinción por la cacería para la extracción de su piel. Por eso, es lógico que los avistamientos sean más frecuentes.

“Hasta 1960 las poblaciones de cocodrilos eran reducidas en Costa Rica, pero conforme esta especie se fue introduciendo en la legislación nacional y en tratados internacionales de conservación, sus números se empezaron a recuperar y los individuos volvieron a colonizar los espacios donde no se veían”, aclaró Sandoval.

El problema es que muchos de estos lugares también comenzaron a llenarse de humanos y convertirse en importantes centros urbanos, lo que ha propiciado un mayor número de encuentros entre ambas especies de seres vivos.

“Mayor cantidad de población, mayor cantidad de interacciones”, resaltó el experto. Esto también significa que existen variables que pueden hacer que una zona sea más propensa que otra de tener una mayor cantidad de aproximaciones entre humanos y cocodrilos.

¿Cuáles son esos sitios con mayores probabilidades? En el Pacífico central las condiciones para que esto suceda son más comunes en distritos de Quepos, Parrita, Jacó, San Juan Grande, Barranca, Ceiba, Miramar y Pithaya.

Dichas áreas fueron identificadas y mapeadas por el geógrafo de la UNA Luis Sandoval Murillo, como parte de una investigación para optar por el título de Maestría. El proyecto recibió el pasado 10 de octubre la tercera mención de honor del Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

En el Pacífico central las condiciones para que esto suceda son más comunes en distritos de Quepos, Parrita, Jacó, San Juan Grande, Barranca, Ceiba, Miramar y Pithaya

La investigación, como plan piloto, se centró en el Pacífico central por ser una zona muy visitada y de fácil acceso para los turistas nacionales y extranjeros. La idea es replicarla luego en otras partes del país como el Caribe, la zona norte y Guanacaste, donde también hay registros de la presencia de cocodrilos.

Los expertos esperan que el estudio sirva como insumo para los gobiernos locales, el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), Cuerpo de Bomberos, y otras instituciones, con la idea de que se puedan tomar decisiones y se desarrollen planes que permitan atender esta nueva realidad y propiciar una convivencia responsable.

El estudio y sus variables
El biólogo Iván Sandoval (izquierda) y el geógrafo Luis Sandoval Murillo (derecha), ambos de la UNA, realizaron una investigación para identificar las zonas del país más propicias de incidentes entre humanos y cocodrilos. El plan piloto lo hicieron en el Pacífico central, pero la idea es extenderlo a otras partes. Foto: Lucía Astorga
El biólogo Iván Sandoval (izquierda) y el geógrafo Luis Sandoval Murillo (derecha), ambos de la UNA, realizaron una investigación para identificar las zonas del país más propicias de incidentes entre humanos y cocodrilos. El plan piloto lo hicieron en el Pacífico central, pero la idea es extenderlo a otras partes. Foto: Lucía Astorga

¿Qué hace a estos lugares tan particulares?, según explicó el geógrafo, es porque reúnen una serie de condiciones que incrementan las probabilidades de encuentros.

Por un lado, tienen una alta densidad de fuentes de agua, cuentan con elevaciones por abajo de los 600 metros y coberturas que favorecen la presencia de cocodrilos como esteros, manglares, playones y ríos.

“Son animales acuáticos que pueden tener una porción de su vida en la parte terrestre, pero para que haya un cocodrilo un requisito es que haya agua”, indicó Iván Sandoval, quien también colaboró en el estudio.

Estudio sobre las interacciones entre humanos y cocodrilos.
Estudio sobre las interacciones entre humanos y cocodrilos.

Los resultados de la investigación arrojaron que el 21,5% de la superficie del territorio Pacífico central reúne las condiciones óptimas para que los individuos de estas especies estén ahí.

Al tiempo que delimitaban las zonas donde los cocodrilos pueden vivir, también buscaron identificar aquellas áreas donde se daban la mayor cantidad de actividades humanas.

Esto permitió hacer una superposición entre ambas variables y generar un modelo predictivo de los lugares donde hay mayores probabilidades de incidentes entre humanos y cocodrilos.

“No significan ataques (los encuentros), apareció un cocodrilo en una piscina, en el patio de una casa; el estudio no quiere decir que si yo voy a una de estas zonas es que me va a morder un cocodrilo, sino que ahí es donde hay mas probabilidad de interacciones”, aclaró el biólogo.

Para el investigador, estos son sitios donde deberían ponerse en práctica estrategias de manejo, las cuales deberían ir desde el punto de vista educativo, de prevención, gestión del riesgo y de manejo de algunas poblaciones por parte del Sinac.

“El detalle es que este un problema multifactorial, porque uno podría pensar que los cocodrilos deberían estar más en zonas muy cuidadas y pristinas, y no está pasando eso, lo que estamos encontrando con nuestra investigación es un tanto diferente a lo que nosotros esperábamos: tener mayor cantidad de interacciones y presencia de cocodrilos en zonas pobladas”, señaló.

El nuevo vecindario
El aumento en las poblaciones de cocodrilos y la urbanización de las zonas costeras del país, han influido en el aumento de encuentros entre ambas especies de seres vivos. Foto de Jorge Castillo.7/8/10.
El aumento en las poblaciones de cocodrilos y la urbanización de las zonas costeras del país, han influido en el aumento de encuentros entre ambas especies de seres vivos. Foto de Jorge Castillo.7/8/10.

Otro elemento que, según los investigadores, podría explicar esta nueva relación de vecindad es que a partir de los años 90 se dio un auge inmobiliario en las zonas costeras y a partir del 95 (más o menos) ocurrió lo mismo con la cantidad de personas que practican el surf.

Esto también representa una mayor cantidad de personas que visitan las playas, o que ahora tiene su casa en una zona donde siempre han existido cocodrilos, pero en las que nunca han sido habitadas por personas.

“El número de interacciones es mayor, porque la casa está muy cerca del río, o del manglar, o porque yo voy a hacer surf en una zona donde hay una desembocadura de un río", dijo el biólogo.

Bajo este escenario, también juega un papel importante los procesos de urbanización que muchas veces no cuentan con buenos planes de manejo, que se hace de forma desordenada, o que genera un incorrecto tratamiento de los desechos.

Los desperdicios pueden convertirse en fuentes de plagas; atraer a perros, mapaches, zorros pelones y ratas, que aprovechan estos recursos, y a su vez, convertir a estos animales en comida fácil para los cocodrilos.

“Entonces, es más fácil para un cocodrilo estar en una zona urbana, tal vez hasta marginal, donde hay mucha basura, esperando a que un perro, un gato, gallina se acerque para consumirlo. El cocodrilo es un oportunista y lo que hace es tratar de sacar ventaja a estas condiciones, y eso es lo que los datos nos dicen en este momento", manifestó Iván Sandoval.