
Hallazgos arqueológicos en York, Inglaterra, cuestionan la idea de que en la antigua Roma no se lamentaba la muerte de niños menores de un año, en una sociedad donde la mortalidad infantil rondaba el 30%.
Investigaciones recientes analizaron raras sepulturas en yeso de época romana descubiertos en el norte de Inglaterra. Durante años, textos jurídicos señalaron que los menores de un año no debían recibir velación pública. Sin embargo, la evidencia material mostró una práctica distinta en el ámbito familiar.
El estudio integra el proyecto Seeing the Dead, desarrollado por la Universidad de York en conjunto con el York Museums Trust. La investigación examina un ritual funerario poco común. El cuerpo se colocaba en un sarcófago de piedra o de plomo. Luego se vertía yeso líquido sobre el cadáver. Al endurecerse, el material conservaba impresiones detalladas de la vestimenta y de la posición del difunto.
Durante décadas se creyó que este tipo de entierro estaba reservado para adultos de alto estatus social. No obstante, la arqueóloga romana Maureen Carroll analizó más de 70 sepulturas. Al menos siete correspondían a niños. Tres eran bebés de menos de cuatro meses.
La alta mortalidad infantil en la Roma antigua, estimada en cerca de 30%, alimentó la percepción de indiferencia ante la muerte temprana. Sin embargo, los datos arqueológicos sugieren otra realidad.
Carroll indicó a Live Science que los bebés eran los miembros más vulnerables de la sociedad romana. Señaló que las normas sobre el luto regulaban el ámbito público. Según su análisis, esas reglas no influyeron en el dolor expresado por las familias en privado.
Un recién nacido envuelto en púrpura y oro
Uno de los casos más llamativos apareció en 1892 durante la construcción del ferrocarril en York. Obreros encontraron el cuerpo de un recién nacido de uno o dos meses.
El bebé estaba envuelto en una capa de lana teñida de púrpura, color asociado con la élite romana. La prenda tenía hilos y borlas de oro. El cuerpo se depositó en un sarcófago de plomo. Después se cubrió con yeso líquido.
Los huesos no se conservaron. No obstante, el molde de yeso preservó las marcas del tejido. Se trata de la única sepultura en yeso conocido que mantiene vestigios de tela teñida.
Enterramientos que reflejan vínculos cercanos
Otro hallazgo evidenció un fuerte componente afectivo. En una tumba, un bebé de pocos meses fue colocado entre las piernas de dos adultos.
No se determinó si formaban una familia. Sin embargo, la disposición sugirió una relación estrecha en vida y en la muerte, según el análisis de Carroll.
Análisis químicos en curso
Los investigadores avanzan en el estudio químico de los recubrimientos de yeso. Buscan identificar sustancias aromáticas como incienso y resina.
También intentan precisar el origen del tinte púrpura. Una hipótesis plantea que pudo provenir del molusco murex, fuente del pigmento más valioso de la Antigüedad.
Joyas y posible mascota en otra tumba
Los hallazgos incluyeron entierros de niños mayores. Una niña de entre 7 y 9 años fue sepultada con joyas de oro, plata y vidrio.
En su ataúd aparecieron distintos pares de calzado. Además, se encontraron huesos de una pequeña ave. El animal pudo ser una mascota.
Para Carroll, estos descubrimientos ayudan a corregir una idea persistente sobre la vida familiar romana. La evidencia contradice la noción de que los romanos no valoraban a sus bebés debido a la alta mortalidad infantil.
Las sepulturas halladas en York también indican que los textos jurídicos, redactados en su mayoría por hombres de la élite, no siempre reflejaban la realidad social del Imperio romano.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
