
La guerra en Ucrania no solo dejó un impacto humano. También transformó la vida de miles de animales. Un estudio científico documentó cambios físicos y de comportamiento en los perros callejeros que sobreviven cerca del frente de batalla.
La investigación la desarrollaron científicos de la Universidad de Lviv (Ucrania) y la Universidad de Gdansk (Polonia). El análisis incluyó datos de 763 perros en nueve regiones del país. Entre ellas destacan zonas de combate como Donetsk y Járkov. Los resultados se publicaron en la revista científica Evolutionary Applications.
Los investigadores concluyeron que la violencia del conflicto y el abandono masivo obligaron a estos animales a adaptarse de forma rápida. Los perros adoptaron rasgos físicos y sociales similares a depredadores salvajes para sobrevivir en un entorno con minas terrestres, metralla y escasez de recursos.
Cambios físicos impulsados por la supervivencia
El estudio identificó una transformación visible en la fisonomía de los perros callejeros que viven en áreas de combate.
Los ejemplares con rasgos extremos comenzaron a desaparecer. Entre ellos destacan perros con hocicos muy pronunciados o cuerpos pesados. En cambio, aumentó la presencia de animales más pequeños, ligeros y ágiles.
Muchos de estos perros presentan orejas erguidas, colas rectas y pelajes con menos manchas blancas. Los científicos compararon esta apariencia con la de animales como lobos o dingos.
Los expertos aclararon que no se trata de una evolución genética profunda. Ese proceso requiere décadas. En este caso ocurre una selección inmediata provocada por la guerra.
Las condiciones del frente funcionan como un filtro biológico. Los perros más ligeros tienen menor probabilidad de activar minas terrestres. Además, un tamaño reducido los convierte en objetivos menos visibles para la metralla y facilita que se oculten.
Formación de manadas y cambios sociales
La investigación también detectó alteraciones en la estructura social de los perros.
Muchos animales abandonaron la vida solitaria. Ahora tienden a agruparse en manadas. Esta estrategia es común en especies salvajes y aumenta las probabilidades de defensa y obtención de alimento.
El estudio observó otra tendencia clara. En las zonas de combate casi no aparecen perros viejos, enfermos o heridos. Estos animales tienen menos posibilidades de adaptarse a las duras condiciones del frente.
El zoólogo Ihor Dykyy recopiló observaciones mientras participaba como voluntario militar. Según sus reportes, numerosos perros sufren traumas provocados por las explosiones.
Aun así, una parte importante de la población mantiene cierta dependencia de los humanos. Muchos se alimentan de restos proporcionados por soldados o de carroña.
Sin embargo, el equipo liderado por la investigadora Małgorzata Pilot detectó casos de feralización completa. En estas situaciones, los perros pierden todo vínculo con las personas y adoptan comportamientos completamente salvajes.
Señales de un impacto ecológico mayor
Los científicos consideran que estos cambios reflejan un problema ambiental más amplio.
El ecólogo Euan Ritchie, de la Universidad de Deakin, advirtió que los perros son una de las especies más adaptables y cercanas al ser humano. Por esa razón, cambios tan rápidos indican un impacto profundo en el ecosistema.
Según el experto, si los perros experimentan transformaciones tan drásticas, otras especies silvestres menos flexibles podrían enfrentar consecuencias más graves.
La guerra en Ucrania no solo deja destrucción en las ciudades. También modifica la dinámica natural de los animales. La pérdida del vínculo doméstico y la aparición de rasgos salvajes muestran cómo el conflicto reconfigura los ecosistemas locales.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
