La Fortuna, San Carlos. Científicos y habitantes de la zona conmemoraron ayer en San Carlos las erupciones del volcán Arenal ocurridas en julio de 1968.
En este desastre natural fallecieron 87 personas y dos comunidades cercanas fueron devastadas. El volcán arrasó con todo lo que tenía a su paso hasta cuatro kilómetros a la redonda.
Ayer, un queque con forma de volcán encendido e historias y lágrimas de quienes sobrevivieron fueron parte de las actividades conmemorativas de los 40 años de este fenómeno natural.
Dora y Fanny Hidalgo, dos hermanas de San Carlos, relataron cómo todo sucedió de repente, sin que nadie entendiera muy bien qué pasaba. Ellas, al igual que decenas de sobrevivientes, aún recuerdan las avalanchas de árboles destruidos que saturaron los ríos aledaños durante semanas, así como el olor a muerte, pólvora, gases tóxicos y destrucción.
Las hermanas Hidalgo cuentan que más de 200 temblores y un calor que deshidrataba mantuvieron en vilo a los habitantes de su comunidad en vísperas del 29 de julio de ese año, pero nadie sospechó del Arenal porque la comunidad consideraba que este coloso era solamente un cerro más en la planicie sancarleña.
“Entonces no había un solo estudio científico que hubiera podido alertarlos”, comentó Eliécer Duarte, vulcanólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de la Universidad Nacional (Ovsicori-UNA).
Los animales sí lo presintieron. Por ejemplo, en la finca de los Peñarosa, las vacas no quisieron pastar ni dormir, y las gallinas y perros no pudieron tampoco descansar en toda la noche.
A las 7 a. m. de ese fatal domingo –recuerdan sus pobladores–, la presión que venía de las profundidades de la tierra y había mantenido la comunidad en “un puro temblor” hizo que el Arenal finalmente se reventara por el costado oeste, donde la pared del volcán estaba más débil.
Se crearon tres cráteres: uno a 1.000 metros, el otro a 1.200 y el tercero a 1.400, todos del mismo lado. Este último es el que hoy se considera como el cráter activo y que, debido a la acumulación de material, mide ya 1.721 metros de altura.
Muerte. De los tres cráteres salió material volcánico. En solo un minuto el territorio y personas de los alrededores se quemaron debido a los gases y rocas incandescentes con temperaturas de entre 1.000 y 8.000 grados Celsius.
Las personas murieron calcinadas o derretidas por la onda calórica expansiva que produjeron las erupciones.
“Algunos de los fallecidos fueron hallados horas después con su piel con una textura como la de una bolsa plástica caliente. Hay muchas historias tristes de eso. Desgraciadamente, la gente no tuvo tiempo de nada, había mucha ignorancia entonces”, agregó Duarte.
Hubo también una onda sónica expansiva que causó daños a los animales y árboles de la zona.
“Uno se pregunta cómo es posible que se conociera tan poco de volcanes como el Arenal, cuando solo unos años antes (en 1963 y 1965) el volcán Irazú había hecho su erupción”, dijo el científico.
El herediano Rodrigo Sáenz fue el primer científico que visitó la zona el día después de la erupción y trabajaba en el Departamento de Geología y Minas.
Años después, tanto la UNA como la Universidad de Costa Rica iniciaron estudios en este coloso.
Ahora, el Arenal es visitado cada año por más de 800.000 visitantes nacionales y extranjeros. El turismo para conocerlo se ha convertido en una fuente de ingresos vital para las comunidades vecinas.
Además, los científicos se han interesado mucho más en estudiar este volcán joven.