
La ciudad de Poços de Caldas, en Brasil, se consolidó como un destino turístico gracias a un origen geológico poco común. El territorio se ubica sobre un volcán extinto que moldeó su paisaje actual con montañas, cascadas y aguas minerales.
El cantón brasileño se construyó en el borde de una caldera volcánica que se formó hace unos 80 millones de años. Esta estructura tiene un diámetro de 30 kilómetros. Se trata de la segunda más grande del mundo en su tipo dentro de una placa continental. Solo existe una mayor en Rusia.
Esa condición geológica transformó la zona en un polo agrícola, mineral y turístico. La región presenta características poco frecuentes a nivel global. Cada año recibe a millones de visitantes atraídos por su entorno natural.
El relieve actual muestra montañas verdes, cascadas y fuentes minerales. Estos elementos surgieron tras la actividad volcánica del pasado. Con el paso del tiempo, el magma y las erupciones dieron lugar a un paisaje estable.
Especialistas en geología indicaron que la estructura volcánica está completamente inactiva. No existe posibilidad de que retome actividad. Esta condición permite el desarrollo seguro de actividades turísticas.
Uno de los principales atractivos son las aguas termales. Estas brotan desde el subsuelo con temperaturas entre 38 °C y 42 °C. Muchas personas las visitan en busca de relajación y tratamientos de salud.
También destacan las aguas sulfurosas, ricas en minerales como azufre, potasio y magnesio. Estas presentan una textura oleosa y un olor fuerte característico. Se les atribuyen efectos antiinflamatorios y vasodilatadores.
En contraste, la ciudad también ofrece aguas frías en cascadas y fuentes naturales. Estas se valoran por su belleza escénica y su entorno natural.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
