Cerro de la Muerte. Hongos asiáticos de una especie conocida desde hace miles de años por su buen aroma, sabor y cualidades medicinales se están cultivando por primera vez en los bosques del país y podrían venderse en los supermercados a corto plazo.
Se trata de la especie de hongos Lentinula edodes , conocida popularmente como “shitake”, vocablo oriental que significa “seta fragante”, y está siendo cosechada por cuatro familias costarricenses –de unas 12 personas cada una– en el cerro de la Muerte.
Los ticos aún no son expertos, pero lo están intentando desde abril, cuando las semillas de este hongo llegaron provenientes de Bután –país ubicado al sur de Asia– como parte de un proyecto de cooperación internacional entre esa pequeña nación asiática y Costa Rica.
Desde entonces y con ayuda e instrucción de los butaneses, los nacionales erigieron varias de bodegas y salieron a recolectar ramas pequeñas de jaúl y roble.
¿Por qué ramas? Estos hongos no crecen en el suelo, sino en el aire libre sobre ramas o troncos de árboles, y se alimentan solo de agua.
Los troncos donde crecen tienen una longitud que varía entre 1 m y 1,20 m, y un diámetro que va de los 10 cm a los 15 cm.
“Son más anchitos que un brazo, pero más delgados que una pierna”, dijo Randall García, del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).
Una vez recogidos los troncos, se deben dejar apilados en reposo, con el fin de evitar el contacto directo con el suelo durante varias semanas, y luego se procede a la inoculación del hongo.
Para ello, primero se deben hacer unos 30 agujeros a lo largo de los troncos. Estos son orificios de dos centímetros de profundidad y un centímetro de diámetro. Allí se coloca la semilla, que consiste en una mezcla de micelio del hongo con algún otro material que puede ser aserrín. Después se sella el orificio con parafina y resina natural.
Una vez producida la inoculación, los troncos se dejan en un sitio ventilado y con sombra, y hay que controlar permanentemente la temperatura y luminosidad durante unos siete meses.
Finalmente, se induce la fructificación del hongo. Este proceso consiste en aplicar a los troncos un “ shock térmico” que consiste en sumergirlos en una pileta con agua fría por 20 horas, explicó Martín Salazar, uno de los responsables.
Cuando se sacan de allí, los troncos se apilan y se espera a que fructifiquen, unos cuatro días después.
Este fruto consiste en un hongo con un “sombrero” beige y marrón, que es suave al tacto y alcanza hasta 25 centímetros de diámetro.
Los primeros frutos se dieron este mes de noviembre, y se usarán para evaluar su calidad.
“Estamos contentos y esperanzados. Al principio nos dio miedo la idea, pero luego vimos que había una oportunidad y nos decidimos”, dijo Ana María Salazar.
“Ha sido una experiencia agradable y tenemos mucha ilusión. Están bien ricos los hongos”, añadió Silvia Camacho.
Hacia su mesa. Expertos del Centro Nacional de Ciencia y Tecnología de Alimentos (CITA) de la Universidad de Costa Rica están trabajando para llevar estos hongos a la mesa de los costarricenses.
A esta primera cosecha se le analizará su contenido nutricional. “Investigaciones en otros países aseguran que el ‘shitake’ tiene mucha fibra y propiedades antioxidantes. Necesitamos ver cuál es su concentración aquí”, explicó Eduardo Thompson.
Además, se tendrá que decidir si la mejor forma de procesarlo es en conserva, deshidratado o de otra manera. “La idea es que estas mismas personas que los cultivan puedan procesarlos sin dificultad”, añadió Thompson.
Junto con lo anterior, se estudia el mercado nacional y regional para determinar los potenciales compradores, dónde están y cómo llevarles el producto.