
Una fosa común descubierta en la antigua ciudad de Jerash, en Jordania, permitió a científicos reconstruir con mayor precisión el impacto de la Praga de Justiniano, considerada la primera pandemia documentada de la historia. El hallazgo ofrece evidencia directa sobre cómo las ciudades enfrentaron una crisis sanitaria sin precedentes hace casi 1.500 años.
La Praga de Justiniano ocurrió entre los años 541 y 542 d. C., durante el reinado del emperador bizantino Justiniano I. El brote de peste bubónica, causado por la bacteria Yersinia pestis, devastó amplias zonas del Mediterráneo. Las estimaciones históricas indican que la pandemia provocó al menos 25 millones de muertes.
El estudio fue desarrollado por investigadores de la Universidad del Sur de la Florida. El equipo analizó restos humanos y evidencia arqueológica hallados en Jerash para comprender no solo el agente patógeno, sino también las condiciones de vida, muerte y entierro de las personas afectadas.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Archaeological Science.
Respuesta a una emergencia sanitaria
El análisis reveló que la ciudad recurrió a entierros improvisados ante la cantidad inesperada de fallecidos. En ese contexto, los cuerpos fueron sepultados en espacios públicos abandonados, cubiertos con fragmentos de arcilla y sin los rituales funerarios habituales.
De acuerdo con el estudio, la fosa común de Jerash corresponde a la primera sepultura colectiva confirmada científicamente asociada a la Praga de Justiniano. La evidencia indica que cientos de personas fueron enterradas en el mismo sitio en un intervalo de pocos días.
El sitio arqueológico permitió convertir señales genéticas en una reconstrucción humana del evento. Los restos aportan información sobre quiénes murieron y cómo una ciudad enfrentó una crisis sanitaria de gran magnitud.
Movilidad y origen de las víctimas
El estudio también amplía la comprensión sobre la movilidad de las poblaciones en el siglo 6. Aunque el comercio y la migración ya eran comunes en el Oriente Medio, la pandemia alteró esos patrones.
La investigación detectó diferentes orígenes genéticos entre los individuos enterrados en la fosa común. Esto sugiere que personas procedentes de distintas regiones fueron trasladadas hasta Jerash para su sepultura, una práctica poco común en cementerios tradicionales.
La combinación de evidencia biológica y contexto arqueológico permitió observar cómo las enfermedades afectaron a personas reales dentro de su entorno social y ambiental. La pandemia dejó huellas que van más allá de los registros históricos escritos.
Los investigadores señalaron que las pandemias no representan únicamente fenómenos biológicos. También reflejan dinámicas sociales, movilidad y vulnerabilidad, factores que continúan influyendo en la forma en que las enfermedades afectan a las sociedades.
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