El científico costarricense Jorge Andrés Díaz es uno de los responsables de probar los aparatos que monitorean la fuga de combustibles líquidos, como hidrógeno y oxígeno, durante los lanzamientos de los transbordadores espaciales de la NASA.
La fuga de uno de estos combustibles puede causar la explosión de una nave espacial, como ocurrió el 28 de enero de 1986, cuando una masiva fuga de hidrógeno líquido hizo que el transbordador Challenger se desintegrara apenas 73 segundos después del despegue desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, EE. UU.
El trágico accidente paralizó los vuelos durante 32 meses y forzó a la NASA a iniciar un programa de monitoreo de fuga de gases durante el lanzamiento de sus naves espaciales.
Díaz es uno de los diez asesores tecnológicos en este tema.
Su trabajo consiste en evaluar espectómetros de masas, aparatos del tamaño de una refrigeradora que pueden determinar qué elementos químicos se encuentran en un sitio.
“Un espectómetro divide la muestra en sus componentes fundamentales y los contabiliza en porcentajes. Uno puede saber cuánto de una muestra es hidrógeno, oxígeno o argón”, explicó Díaz.
En caso de una fuga de gas, el espectómetro de masas puede detectarla y evitar un accidente.
Díaz es un experto en espectómetros de masas. Tras graduarse de físico en la Universidad de Costa Rica, realizó sus estudios de doctorado en la Universidad de Minesota, EE. UU, donde desarrolló un espectómetro de masas miniatura.
Su objetivo era tener un aparato portátil que pudiera medir los gases en las plumas de los volcanes, pero resultó que este instrumento miniatura también puede tener aplicaciones espaciales.
Con ese invento, Díaz obtuvo el Premio Nacional de Ciencia en 1999 y el Premio Mundial de la Propiedad Intelectual 2006. Fue así como se convirtió en una autoridad en el tema y fue solicitado por la NASA para realizar esta asesoría.
Antes del lanzamiento. Para asegurarse que una nave no tiene fugas de gases los expertos realizan una serie de pruebas.
Primero, se realiza un chequeo de fugas con helio. “Los tanques de combustible del transbordador se llenan con el gas helio, se presurizan y se ve que no se esté escapando el gas por ningún lado”, expuso el científico nacional.
Lo segundo es verificar la presencia de nitrógeno y argón. La presencia de estos gases significaría que hay aire en los tanques de la nave, lo cual no debe pasar.
Finalmente, horas antes de un despegue, los tanques se llenan de combustible (hidrógeno y oxígeno) y se monitorea que no haya presencia de hidrógeno en los lugares donde no debería haber.
En caso de que se identifique una fuga en la nave, el lanzamiento se reprograma, si no la hay, los expertos autorizan su despegue por considerarlo seguro.
Hacia el futuro. El estudio que realiza Díaz también tendrá consecuencias en el mediano y largo plazos en la carrera espacial.
Los mejores espectómetros podrían ser utilizados por la NASA para monitorear la fuga de gases en la nueva generación de naves espaciales del programa Constelación , que, se espera, sustituirán a los actuales transbordadores en el 2015.
También, podría pensarse en que estos aparatos –en formato miniatura– podrían ser colocados a bordo de las nuevas naves y servirían para detectar la composición química de las atmósfera de otros planetas o astros.