
Una expedición científica internacional reveló un hallazgo sin precedentes en el Atlántico Sur. Investigadores argentinos identificaron 25 especies animales posiblemente nuevas para la ciencia en aguas profundas frente a la costa de Argentina, tras recorrer toda su plataforma continental.
La misión se desarrolló a bordo del buque R/V Falkor, del Schmidt Ocean Institute. El trayecto abarcó desde Buenos Aires hasta zonas cercanas a Tierra del Fuego. El trabajo permitió documentar una biodiversidad muy superior a la estimada en estudios previos.
El equipo utilizó el vehículo operado remotamente ROV SuBastian. Gracias a esta tecnología, los científicos observaron y recolectaron ejemplares de gusanos, corales, erizos de mar, caracoles y anémonas en ambientes de gran profundidad.
La jefa científica de la misión, María Emilia Bravo, investigadora de la Universidad de Buenos Aires, señaló que la magnitud de la biodiversidad registrada en el mar profundo argentino superó las previsiones iniciales del equipo.
Arrecifes profundos de gran escala
Entre los descubrimientos más relevantes figura el mayor arrecife conocido del coral de aguas frías Bathelia candida documentado hasta ahora en otros océanos. El arrecife cubre una superficie aproximada de 0,4 km², similar al tamaño del Vaticano.
Esta estructura funciona como un hábitat clave para peces, crustáceos y pulpos. Por su importancia ecológica, el sitio fue catalogado como un Ecosistema Marino Vulnerable.
La expedición también amplió el rango geográfico conocido de esta especie. Los arrecifes se localizaron 600 km más al sur de los registros anteriores, hasta alcanzar los 43,5 grados de latitud sur.
Especies raras y ecosistemas extremos
Durante las inmersiones, los científicos detectaron jardines de Paragorgia arborea, grandes esponjas en fosas profundas y una medusa fantasma gigante (Stygiomedusa gigantea), especie poco común que puede alcanzar hasta 10 metros de longitud.
Otro registro destacado fue el primer cadaver de ballena documentado en aguas profundas de Argentina. El hallazgo ocurrió a 3.890 metros de profundidad, donde la carcasa de una ballena sostiene un ecosistema temporal que puede persistir por décadas.
Este tipo de entorno alimenta organismos carroñeros de gran tamaño y comunidades microbianas especializadas, lo que lo convierte en un punto clave para el estudio de la vida abisal.
Búsqueda de exudaciones frías
El objetivo principal de la misión consistió en identificar exudaciones frías, zonas donde gases como el metano emergen del subsuelo marino. Estos ambientes sostienen redes tróficas basadas en la quimiosíntesis.
Los investigadores localizaron al menos una zona activa de cerca de 1 km², dominada por grandes bancos de moluscos. Este tipo de ecosistema permanece poco estudiado en el Atlántico Sur.
A lo largo de la expedición, el equipo recolectó cientos de muestras químicas, físicas y biológicas. La investigadora Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía, explicó que el material permitirá analizar la conectividad y la fragilidad de estos ambientes profundos.
Huella humana en el fondo del mar
Pese a la lejanía de los sitios explorados, la expedición detectó rastros claros de actividad humana. Entre los objetos encontrados figuraron redes de pesca, bolsas plásticas y una cinta VHS con etiqueta en coreano, conservada por las bajas temperaturas.
La directora ejecutiva del Schmidt Ocean Institute, Jyotika Virmani, recordó que el océano concentra 98% del espacio habitable del planeta y alberga una diversidad comparable a la de los ecosistemas terrestres. Los hallazgos refuerzan la necesidad de proteger el océano profundo frente a las presiones humanas.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
