
El Gobierno de Colombia activó el 13 de abril un plan estructural para controlar la población de hipopótamos en el país. La estrategia incluye un protocolo técnico de eutanasia y una inversión de ¢7.200 millones para intervenir cerca de 80 animales durante este año.
La decisión se dio tras descartar la translocación como alternativa viable. El plan establece un procedimiento detallado que abarca desde la captura y sedación hasta la disposición final de los cuerpos.
Colombia enfrenta una invasión sin precedentes
Colombia se convirtió en el único país fuera de África que enfrenta una invasión biológica de hipopótamos de gran escala. La especie llegó en la década de 1980, cuando cuatro ejemplares fueron introducidos de forma ilegal en la Hacienda Nápoles, en Antioquia.
Las condiciones del valle medio del río Magdalena facilitaron su expansión. Existe abundancia de alimento y agua. No hay depredadores naturales.
Un estudio del Instituto Humboldt y la Universidad Nacional estimó en 2024 una población de al menos 181 individuos. El Ministerio de Ambiente actualizó la cifra a más de 200 ejemplares.
Las proyecciones indican un crecimiento acelerado. La población podría llegar a 500 animales en 2030 y cerca de 1.000 en 2035. La mayor concentración se ubica en la Hacienda Nápoles, con densidades de hasta 15 hipopótamos por kilómetro cuadrado.
Fracaso de la translocación internacional
Durante varios años, el Gobierno buscó trasladar los animales a otros países. Se realizaron gestiones con Ecuador, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana y Sudáfrica.
Ninguna opción prosperó. México evaluó recibir hasta diez ejemplares en un santuario privado, pero su normativa impide importar especies invasoras. En Filipinas, un zoológico desistió en agosto de 2024 por los altos costos logísticos.
El Ministerio concluyó que la translocación no resulta suficiente ni viable como única estrategia de control.
Protocolo de eutanasia: cómo será el proceso
El protocolo oficial define la eutanasia como un procedimiento que induce la muerte con pérdida rápida e irreversible de la conciencia y con mínimo dolor para el animal.
Se trata de una medida de última instancia. Solo se aplica cuando otras alternativas no son viables.
Existen dos modalidades: química y física. Ambas requieren autorización de la autoridad ambiental y supervisión de un médico veterinario.
Eutanasia química
El proceso inicia con la instalación de corrales metálicos cerca de cuerpos de agua. Cada animal dispone de un área mínima de 15 metros cuadrados.
Durante varios días se coloca alimento como zanahoria, frutas, sal mineral y melaza. La estrategia busca atraer al animal, sobre todo en horas de la tarde.
Cuando el hipopótamo ingresa al corral, el equipo aplica inmovilización con dardos. Se utilizan combinaciones de fármacos según el peso.
Tras 10 a 20 minutos, el animal entra en sedación profunda. Luego se administran sustancias como pentobarbital sódico o lidocaína para inducir la muerte.
Eutanasia física
Esta opción se aplica cuando no es posible el procedimiento químico. Consiste en el uso de armas de largo alcance con calibres 0,50 o 0,375.
El disparo debe dirigirse a puntos específicos de la cabeza. Solo personal certificado puede ejecutar esta acción.
Verificación, necropsia y disposición final
El protocolo exige confirmar la muerte mediante ausencia de respiración y pulso. También se revisan reflejos oculares.
La necropsia debe realizarse en menos de 24 horas. El personal debe utilizar equipo de protección por riesgo de enfermedades zoonóticas como leptospirosis o brucelosis.
Para la disposición final se contemplan dos métodos. El primero es el enterramiento sanitario en fosas profundas, lejos de fuentes de agua. El segundo es la cremación en hornos autorizados que superen los 750 °C.
El protocolo prohíbe el consumo o aprovechamiento de los animales.
Inversión, ejecución y zonas críticas
Los ¢7.200 millones serán gestionados por el Fondo para la Vida y la Biodiversidad. Los recursos se distribuirán entre Cornare, Corantioquia, Corpoboyacá y CAS.
El convenio se firmará el 15 de junio de 2026. La implementación iniciará en el segundo semestre.
Cada intervención deberá generar reportes detallados. Se incluirán coordenadas, características del animal y registro fotográfico.
Las acciones se concentrarán en la Hacienda Nápoles y la llamada isla del Silencio. También se intervendrán zonas cercanas a centros urbanos, donde los hipopótamos representan un riesgo.
El Gobierno prevé intervenir cerca de 80 individuos en esta primera fase. Las autoridades ambientales tendrán un papel clave en el monitoreo continuo de la especie.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
