
Un estudio de más de 111.000 personas seguido durante más de tres décadas encontró que no solo importa cuánto ejercicio se hace, sino también qué tan variada es la actividad física.
La investigación, publicada en BMJ Medicine y liderada por científicos de la Escuela de Salud Pública de Harvard, observó que practicar distintos tipos de actividad física de forma habitual se relacionó con una menor mortalidad por todas las causas, incluso después de considerar la cantidad total de ejercicio realizado.
El estudio evaluó actividades recreativas como caminar, trotar, correr, andar en bicicleta, nadar, remar, hacer calistenia, jugar tenis o squash, subir escaleras y realizar ejercicios de fuerza o resistencia.
Los investigadores encontraron que casi todas estas actividades, excepto la natación, se asociaron con menor riesgo de muerte. Caminar fue una de las actividades con mayor asociación. Las personas en el grupo con mayor nivel de caminata tuvieron un 17% menos riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes caminaban menos.
También se observaron reducciones con correr, trotar, tenis, subir escaleras, remar y entrenamiento de fuerza. Pero los hallazgos centrales no estuvieron en una actividad específica, sino en la combinación de varias.
Para medir esto, los investigadores crearon un puntaje de “variedad de actividad física”. Este indicador contaba cuántos tipos distintos de ejercicio una persona practicaba de forma constante a lo largo del tiempo.
Quienes estaban en el grupo más alto de variedad física tuvieron un 19% menos riesgo de muerte por cualquier causa frente al grupo con menor variedad. Además, presentaron entre 13% y 41% menos mortalidad por enfermedad cardiovascular, cáncer, enfermedades respiratorias y otras causas.
Esa asociación se mantuvo incluso después de ajustar por el volumen total de actividad física. Es decir, dos personas podían hacer una cantidad similar de ejercicio semanal, pero quien lo distribuía en distintos tipos de actividad mostraba mejores resultados.
Los autores explican que esto podría relacionarse con los efectos complementarios de cada ejercicio.
Por ejemplo, el ejercicio aeróbico suele mejorar la capacidad cardiorrespiratoria, mientras el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar masa muscular y potencia física. La combinación podría ofrecer beneficios más amplios que concentrarse en una sola modalidad.
La investigación utilizó cuestionarios actualizados cada dos años durante más de 30 años. Los participantes debían reportar cuánto tiempo dedicaban semanalmente a cada actividad.
Además, se excluyó desde el inicio a personas con diabetes, enfermedad cardiovascular, cáncer, enfermedades respiratorias o neurológicas, para reducir el efecto de enfermedades previas sobre los resultados.
Los autores señalan que el estudio se basó en actividad física reportada por los propios participantes, lo que puede generar errores de medición. También aclaran que la mayoría de la población analizada era blanca y profesional de la salud, por lo que los resultados podrían no reflejar exactamente a toda la población general.
