
Un nuevo estudio científico modeló el peor escenario climático para la Antártida y alertó sobre daños irreversibles si las emisiones de gases contaminantes continúan en aumento. La investigación estimó cómo responderá el continente en distintos niveles de calentamiento global y concluyó que el rumbo actual acerca al planeta a un panorama de alto riesgo.
La situación es especialmente delicada en la península antártica, una de las regiones más vulnerables al aumento de temperatura. Científicos de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido, analizaron escenarios optimistas y pesimistas para las próximas décadas. Los resultados se publicaron el jueves 19 en la revista Frontiers in Environmental Science.
La autora principal, Bethan Davies, explicó que el futuro del continente depende de las decisiones humanas. Indicó que un mayor volumen de emisiones implica más pérdida de hielo marino, colapso de plataformas de hielo y afectación de especies emblemáticas como los pingüinos. Señaló que una reducción de la contaminación permitiría limitar los impactos más severos.
Davies advirtió que los cambios en la Antártida no se limitan a ese territorio. Afirmó que alteraciones en el nivel del mar, en las conexiones oceánicas y atmosféricas y en los patrones de circulación impactarán al resto del planeta.
Modelos con aumentos de hasta 4,4 °C
El estudio recopiló décadas de investigaciones continuas, el equipo trabajó en un centro dedicado a investigación, turismo y pesca en la región, lo que permitió un monitoreo constante del ecosistema.
Peter Convey, del British Antarctic Survey, participó en la investigación. Recordó que visitó el continente entre noviembre de 1989 y abril de 1991. Señaló que aunque el paisaje sigue dominado por hielo, los cambios resultan evidentes para quienes regresan con frecuencia.
A diferencia de estudios anteriores que proyectaban escenarios con un aumento global de 1,5°C, los nuevos datos de 2026 describieron escenarios concretos ante incrementos de 1,8°C, 3,6°C y hasta 4,4°C hacia el año 2100.
Los investigadores evaluaron ocho componentes del entorno: ecosistemas marinos y terrestres, hielo marino y terrestre, plataformas de hielo, el océano Antártico, la atmósfera y eventos extremos como olas de calor.
Más calor y menos hielo marino
En escenarios de emisiones altas, las aguas marinas se calientan con mayor rapidez. El aumento de temperatura eleva la probabilidad de colapso de plataformas de hielo. Este proceso impulsa el incremento del nivel del mar.
En el peor escenario, la cobertura de hielo marino podría disminuir en 20%. Esa reducción afectaría especies que dependen de esa superficie para sobrevivir.
El krill figura entre las especies más vulnerables. Este pequeño crustáceo constituye la base de la cadena alimentaria. Sin plataformas de hielo, queda más expuesto a depredadores como ballenas y pingüinos.
La pérdida de hielo también intensifica el calentamiento del océano. Ese efecto aumenta la presión sobre los ecosistemas marinos y terrestres. Los científicos reconocieron que aún resulta difícil prever cómo interactuarán todos estos cambios sobre la fauna.
En un escenario de emisiones muy altas, numerosas especies podrían migrar hacia el sur para escapar del calor. Los depredadores de sangre caliente pueden adaptarse mejor a variaciones térmicas. Sin embargo, si sus presas no logran adaptarse, enfrentarán escasez de alimento.
El estudio también alertó sobre la intensificación de eventos climáticos extremos. Las olas de calor podrían volverse más frecuentes e intensas.
Las transformaciones ambientales complican la labor científica. La infraestructura del centro de investigación se vuelve más vulnerable. Las alteraciones en hábitats de presas y depredadores dificultan la recolección de datos.
Daños permanentes en el peor escenario
Davies señaló que el mundo avanza hacia un escenario de emisiones medias a medias altas. Indicó que un escenario de bajas emisiones limitaría el impacto. En ese caso, el hielo marino invernal sería solo ligeramente menor al actual y la contribución al nivel del mar se restringiría a pocos milímetros. La mayoría de los glaciares seguiría reconocible y las plataformas de hielo se mantendrían.
No obstante, en un escenario de emisiones elevadas, los daños serían permanentes. Davies afirmó que esos cambios resultarían irreversibles en escalas de tiempo humanas. Explicó que regenerar glaciares y recuperar vida silvestre sería extremadamente difícil. Añadió que, sin acciones inmediatas, las futuras generaciones enfrentarán las consecuencias.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
