
El derretimiento del hielo en el Ártico y la Antártida activa comunidades microbianas que permanecieron inactivas durante miles de años. Este proceso acelera la liberación de carbono y refuerza el calentamiento global, de acuerdo con una revisión científica liderada por la Universidad McGill, en Canadá.
El análisis apareció en noviembre de 2025 en la revista Nature Reviews Microbiology. El trabajo reunió información de regiones árticas, antárticas, alpinas y subárticas. El financiamiento provino del Consejo de Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá, el Programa de Cátedras de Investigación de Canadá y la Agencia Espacial Canadiense.
Los datos muestran que los microorganismos presentes en glaciares, permafrost y hielo marino aumentan su actividad conforme suben las temperaturas. Esta respuesta biológica no registró precedentes en las zonas polares.
La investigación señala que el aumento de la temperatura acelera el metabolismo microbiano. Este proceso favorece la descomposición de la materia orgánica atrapada en el suelo congelado. Como resultado, se liberan dióxido de carbono y metano, dos de los principales gases de efecto invernadero.
Los autores advierten que este fenómeno afecta el ciclo global del carbono. También genera impactos potenciales en comunidades humanas, seguridad alimentaria, estabilidad económica y dispersión de sustancias tóxicas en el ambiente.
El estudio identifica un patrón común. En los suelos congelados, la actividad microbiana se mantiene limitada por el frío y la falta de nutrientes. Con el deshielo, estas barreras disminuyen y el ciclo del carbono se acelera.
Además, el descongelamiento del permafrost puede liberar contaminantes acumulados durante siglos. Entre ellos figura el mercurio, que puede desplazarse hacia ríos y cadenas alimentarias. Este proceso no se limita a las regiones polares.
Los investigadores explican que factores como el oxígeno y la humedad del suelo influyen de forma directa en el comportamiento de los microbios tras el deshielo. Variaciones en estas condiciones pueden modificar los ritmos de liberación de carbono de manera imprevisible.
La revisión también expone limitaciones en la información disponible. Los registros históricos más antiguos en microbiología polar datan de inicios de los años 2000. Esta falta de datos dificulta las proyecciones a largo plazo.
Ante este escenario, el equipo plantea la necesidad de mayor coordinación internacional. Los autores resaltan el valor de herramientas simples y de la recopilación de datos básicos pero consistentes para mejorar la comprensión del fenómeno.
El estudio concluye que la actividad microbiana en los polos cambia con mayor rapidez de lo estimado. Ampliar la cooperación científica y el monitoreo global resulta clave para anticipar su impacto en el clima del planeta.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
