
Las proteínas dominan los estantes de los supermercados: chips de proteína, galletas de proteína, agua con proteína. También aparecen en los titulares: las nuevas directrices dietéticas estadounidenses de enero aumentaron la cantidad recomendada de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal a entre 1,2 y 1,6 gramos.
Sin embargo, hay un grupo de científicos que estudian un fenómeno contrario: en animales, desde levaduras unicelulares hasta insectos y roedores, reducir la ingesta de proteínas a niveles mínimos los hace vivir más tiempo.
¿Podría esto funcionar en las personas?
Para que quede claro: el cuerpo necesita proteínas para construir y reparar sus partes, y una dieta con un 7 % o menos de calorías procedentes de proteínas es una receta para la desnutrición, no para alcanzar una vida centenaria.
Pero estudiar la restricción de proteínas en animales de laboratorio ayuda a los científicos a aprender cómo los animales perciben los nutrientes, cómo sus cuerpos responden estratégicamente al exceso o a la escasez, y cómo todo esto afecta a su salud y longevidad. Y eso podría aportar lecciones para los seres humanos.
Los diarios alimenticios de los ratones
Según el fisiólogo de la Universidad McMaster en Hamilton, Canadá, Stuart Phillips, la restricción proteica es una especie de versión “light” de un truco para la longevidad más conocido: la restricción calórica.
La reducción de las calorías totales ingeridas, normalmente entre un 20 % y un 50 %, se ha relacionado con una mayor esperanza de vida en animales de laboratorio desde hace más de un siglo.
Los animales de laboratorio que siguen dietas bajas en calorías o proteínas son, efectivamente, longevos.
En un estudio reciente, los ratones que comían todo lo que querían de comida normal vivían un máximo de 1.008 días. Los ratones que recibieron la misma comida, pero solo el 80 % de las calorías, sobrevivieron hasta 1.179 días, una edad muy avanzada para un ratón.
Esos grupos de ratones recibieron comida con un 18 % de proteínas, pero un tercer grupo se dio un festín en un bufé libre con solo un 6 % de las calorías procedentes de proteínas. Su supervivencia se situó entre la de los otros dos grupos, con un máximo de 1.115 días.
Estos efectos fueron más allá de la longevidad; las dietas restrictivas también mejoraron la salud. Los ratones con dietas restringidas en calorías o proteínas tenían niveles más bajos de azúcar e insulina en sangre, y una menor sensibilidad a la insulina marcadores de la aptitud metabólica.

En otro estudio reciente, los investigadores se centraron en los signos moleculares del envejecimiento. A medida que los animales envejecen, sus cuerpos sufren cambios, como el daño de los tejidos por los radicales libres de oxígeno inestables.
Los ratones con una dieta baja en proteínas mostraron una variedad de características antienvejecimiento, en su ADN y proteínas, en múltiples órganos.
¿Aprovechar el momento o aguantar?
Los científicos aún no conocen todos los factores biológicos que subyacen a cómo los ratones se vuelven delgados, saludables y longevos con dietas restrictivas.
Clemence Blouet, neuroendocrinóloga de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, sugiere pensar en el cuerpo como un vehículo. Se puede conducir rápido, consumiendo mucho combustible y desgastando el vehículo. O se puede mantener una velocidad moderada de 25 km/h, y el automóvil durará más tiempo.
Las proteínas, en particular, también activan sistemas que promueven el crecimiento y el envejecimiento. Restringir la dieta podría significar menos radicales dañinos y menos acciones que favorecen el envejecimiento, lo que mantendría el cuerpo en buen estado de funcionamiento durante más tiempo.
Hay algo más estratégico en juego. El equipo del fisiólogo del Centro de Investigación Biomédica Pennington en Baton Rouge, Luisiana Christopher Morrison, estudia una hormona llamada FGF21, producida por el hígado.
Pero si se modifica genéticamente a los ratones para que carezcan de FGF21, las proteínas bajas prolongan la vida solo si el cerebro recibe el mensaje y ajusta las respuestas del cuerpo.

Si la prolongación de la vida cuando las proteínas son escasas es una elección, aunque sea inconsciente, entonces seguir con la vida más corta por defecto cuando las proteínas son abundantes también podría ser una especie de elección.
Aunque pueda parecer contradictorio, esto tiene mucho sentido para un animal que equilibra la supervivencia con la reproducción, afirma Stephen Simpson, biólogo nutricional de la Universidad de Sídney.
Por el contrario, si los nutrientes son difíciles de conseguir, las criaturas “tratan de pasar el mal momento”, afirma Simpson.
Activan mecanismos protectores y reparadores antienvejecimiento con la esperanza de sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirse cuando vuelvan los buenos tiempos, incluso si eso significa que sigan siendo débiles.
Proteínas para la gente
Los científicos no pueden someter a un gran grupo de personas a una dieta baja en proteínas durante décadas y esperar a medir cuánto tiempo sobreviven.
Pero lo que sí pueden hacer es correlacionar las dietas de las personas, según lo indicado en cuestionarios, con las enfermedades y la supervivencia.
Los resultados de estos estudios epidemiológicos varían, pero, en general, una mayor ingesta de proteínas parece estar relacionada con un riesgo ligeramente mayor de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, afirma Phillips.
Otra complicación en la ciencia es que las necesidades de proteínas varían según la edad. Un estudio descubrió que, en personas de entre 50 y 65 años, una dieta baja en proteínas se correlacionaba con una menor probabilidad de muerte por cáncer o por cualquier causa, en comparación con las que seguían una dieta alta en proteínas.
Pero en personas mayores de 65 años, el patrón se invertía: una ingesta baja de proteínas se relacionaba con tasas más altas de mortalidad por cáncer y mortalidad general.

Simpson reflexiona que es posible que una dieta baja en proteínas resulte menos tortuosa que una que restringe las calorías en general, aunque se sabe que las proteínas ayudan a saciar el hambre.
Pero su propio trabajo, en el que ha estudiado desde langostas hasta personas, ha demostrado que un cuerpo que carece de proteínas las ansía.
En un estudio, los voluntarios pasaron cuatro días en una clínica y pudieron seleccionar lo que quisieran comer de un menú controlado en el que todo contenía un 10 % de proteínas.
Respondieron atiborrándose de aperitivos salados, como si ansiaran el sabor umami de las proteínas. Como resultado, ingirieron más calorías en total, lo que difícilmente puede considerarse una receta para el éxito dietético.
Es revelador que ninguno de los científicos que hablaron con Knowable Magazine restringiera su propio consumo de proteínas.
Este artículo apareció originalmente en Knowable en Español, una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Suscríbase al boletín de Knowable en Español.