
Las estrellas jóvenes similares al Sol reducen su emisión de rayos X a una velocidad mayor de la esperada por los científicos. Un nuevo estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania reveló este fenómeno mediante el uso del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA.
La investigación determinó que estos astros atraviesan un proceso de calma mucho más acelerado durante su etapa adolescente.
El informe de la NASA detalló que las estrellas de 3 millones de años producen cerca de 1.000 veces más rayos X que el Sol actual. Por otro lado, los astros con 100 millones de años muestran una luminosidad 40 veces superior en este tipo de radiación respecto a nuestra estrella.
Los astrónomos analizaron ocho cúmulos estelares con edades entre los 45 y los 750 millones de años. Durante el análisis, el equipo detectó que las estrellas emitían solamente entre un cuarto y un tercio de la radiación esperada. Esta disminución resultó ser 15 veces más veloz de lo que sugerían las predicciones científicas anteriores para esta fase de maduración.
El investigador Konstantin Getman, autor principal del trabajo, indicó que la causa radica en la generación interna de campos magnéticos. Según Getman, este proceso interno pierde eficiencia con el tiempo. Esa carencia de eficiencia provoca que la actividad de la estrella baje drásticamente a medida que el astro suma años.
La NASA señaló que este comportamiento favorece la formación de vida en planetas cercanos. Las altas dosis de rayos X erosionan las atmósferas planetarias y bloquean la creación de moléculas orgánicas. Además, las estrellas del tamaño del Sol parecen ser más propicias para albergar planetas con atmósferas robustas.
El equipo utilizó observaciones del telescopio Chandra en cinco cúmulos de hasta 100 millones de años. También examinaron registros históricos de la misión ROSAT para estudiar grupos de estrellas más antiguos. La combinación de estos datos permitió a los científicos obtener un panorama completo sobre la evolución estelar y sus efectos en el entorno espacial.
Finalmente, los expertos emplearon información del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el estudio. Estos datos ayudaron a identificar con precisión las estrellas pertenecientes a cada cúmulo analizado.
