
La capacidad de los animales marinos para adaptarse al cambio climático no depende solo de su resistencia física, sino también de su entorno social. Un estudio liderado por la Universidad de Adelaida de Australia y publicado en la revista Journal of Animal Ecology en el 2026, reveló que la acidificación del océano impacta negativamente el comportamiento colectivo de los peces.
Los investigadores observaron que el aumento de dióxido de carbono (CO2) en el agua no afecta directamente la forma en que los peces nadan o se alimentan. No obstante, este fenómeno provoca una simplificación del hábitat al eliminar corales y macroalgas complejas, que son sustituidas por tapices de algas cortas y uniformes.
Este cambio en el paisaje submarino reduce los sitios de refugio y, en consecuencia, la densidad de las poblaciones de peces estudiadas hasta en un 84%. Al haber menos individuos en un área, las oportunidades para formar grandes grupos o bancos se reducen drásticamente, lo cual erosiona los beneficios de la vida en comunidad.
El equipo de científicos, encabezado por Angus Mitchell e Ivan Nagelkerken, utilizó arrecifes naturales en Japón como laboratorios vivientes. Estos sitios actúan como ventanas al futuro, pues presentan condiciones de temperatura y acidez similares a las proyectadas para finales de siglo debido al calentamiento global y la actividad volcánica submarina.
El estudio se centró en la damisela neón (Pomacentrus coelestis), un pez que suele vivir en grupos. Los resultados mostraron que los peces en grupos grandes dedican más tiempo a alimentarse y son más activos, ya que la “seguridad en los números” les permite vigilar menos ante posibles amenazas.
Por el contrario, en los arrecifes acidificados, los grupos eran hasta un 79% más pequeños. En estas agrupaciones reducidas, los peces mostraron niveles de actividad significativamente menores y una mayor tendencia a esconderse o permanecer alerta, lo que limita su eficiencia para buscar alimento.
Un hallazgo relevante fue que las olas de calor marinas y el aumento de la temperatura no tuvieron efectos directos tan severos como la acidificación. Aunque el calor extremo puede elevar las demandas de energía de los animales, el factor determinante para su supervivencia social fue la calidad del arrecife donde viven.
Los investigadores concluyeron que el cambio climático no solo estresa la fisiología de los individuos, sino que desmantela el tejido social que los protege. Si los hábitats pierden su complejidad, los peces pierden la capacidad de formar bancos grandes, quedando más expuestos en un océano cada vez más hostil.
