
El río Éufrates, considerado uno de los cursos de agua más importantes de la historia de la humanidad y mencionado en relatos bíblicos sobre el Jardín del Edén, podría haber revelado finalmente el origen de su formación.
Una investigación desarrollada por especialistas de la Universidad de Oxford y de la empresa Chevron concluyó que el actual Éufrates surgió tras la unión de dos enormes sistemas fluviales ancestrales que recorrieron la región hace millones de años.
El Éufrates tiene una extensión cercana a 2.800 kilómetros. Su recorrido atraviesa Turquía, Siria e Irak. Junto con el río Tigris, constituye una de las principales fuentes de agua de la antigua Mesopotamia, región conocida como la cuna de la civilización y parte de la denominada Creciente Fértil.
Además de su relevancia histórica, el río aparece en el libro del Apocalipsis, donde se menciona una gran sequía vinculada a la preparación de la batalla final descrita en ese texto religioso.
Hasta la publicación del nuevo estudio, la procedencia exacta del Éufrates permanecía sin una explicación definitiva.
Según los investigadores, el río moderno nació a partir de la convergencia de dos antiguos sistemas fluviales que durante el final del Mioceno, entre hace aproximadamente 23 y 5,3 millones de años, desembocaban por separado en un Mediterráneo oriental que atravesaba un proceso de fuerte desecación.
La investigación tuvo su origen en 2014 durante trabajos de exploración geológica realizados por Chevron frente a la costa del Líbano.
Mientras buscaban posibles reservas de gas natural, los especialistas efectuaron estudios sísmicos en la zona. Durante esas exploraciones, el científico Andrew Madof identificó evidencias de sedimentos fluviales ubicados sobre extensos depósitos submarinos de sal.
Los análisis indicaron que esos depósitos se formaron hace más de cinco millones de años durante la denominada Crisis de Salinidad Mesiniense, un periodo en el que el mar Mediterráneo se secó de forma parcial o incluso casi total.
A partir de la información recopilada, los investigadores determinaron la existencia de dos gigantescos ríos antiguos entre hace 16,5 y 5,9 millones de años.
Uno de ellos fue el Paleo-Karasu, cuya magnitud superaba la del río Nilo. El segundo fue el Paleo-Murat, que alcanzaba un tamaño superior al de los actuales ríos Tigris y Éufrates combinados.
Ambos sistemas desembocaron en el Mediterráneo durante cerca de 120.000 años.
Con el paso de millones de años, distintos fenómenos tectónicos modificaron sus trayectorias. Entre ellos figuraron terremotos y procesos de formación montañosa.
Esos cambios alteraron gradualmente los cauces hasta que los dos grandes afluentes terminaron integrándose en un solo sistema fluvial: el Éufrates.
Para los autores del estudio, el hallazgo aporta una posible respuesta a uno de los mayores misterios relacionados con uno de los ríos más influyentes en la historia de la humanidad.
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