Una rana pequeña, negra y sordomuda que vivía entre la horajasca del cerro Chompipe, en Heredia, pasó a engrosar la lista de especies extintas del orbe.
Así lo confirmó ayer en Barcelona la nueva Lista Roja de Especies en Peligro de Extinción, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
La especie desaparecida, llamada “el sapo de Holdridge”, cuyo nombre científico es Incilius holdridgei , fue un tipo de rana muy numerosa, única de Costa Rica, y estuvo recluida solo en la provincia de Heredia.
“El sapo de Holdridge era una especie endémica de la cordillera Central –a una altura promedio de 2.270 metros sobre el nivel del mar–”, dijo el reconocido herpetólogo Alan Pounds, que labora en el Centro Científico Tropical (CCT) en Puntarenas.
En el 2005, Pounds demostró la extinción de otras dos especies de anfibios ticos: la rana arlequín de Monteverde y el sapo dorado.
¿Sordomudas? Según Gerardo Chaves, científico de la Universidad de Costa Rica (UCR) y coautor del informe nacional en que se basó la UICN para declarar extinta a esta especie, el sapo de Holdridge se destacaba por tener una piel muy rugosa (llena de pelotitas en la piel).
El experto asegura que la especie era fácil de identificar por su color negro con anaranjado. “Esta rana era bastante pequeña y medía cinco centímetros de largo, unos tres centímetros menos que cualquier otra especie de sapo común”, dijo a La Nación .
Chaves añadió que el sapo de Holdridge era fácil de encontrar, especialmente durante su período reproductivo: de abril a mayo. Fuera de esta época era casi imposible verlo. “Esta especie tenía un comportamiento muy interesante. En época reproductiva las ranas se reunían cerca de la calle principal que va hacia el cerro Chompipe. Allí formaba agrupaciones centenarias muy impresionantes. Había muchos sapos machos esperando a sus hembras”, afirmó Chaves, que labora en el Museo de Zoología de la Escuela de Biología de la UCR.
El mecanismo que utilizan las ranas para copular y reproducirse es “abrazarse” con sus patas.
“Imagínese que eran tantísimas, que los sapos de Holdridge agarraban otras especies de ranas para ‘abrazarlas’. Era tal el frenesí que agarraban a otras especies y hasta las mataban en el intento”, dijo el científico de la UCR.
Otra cosa muy peculiar de la especie es que no tenía un sistema auditivo externo ni interno conocido.
“Durante nuestros estudios no hayamos nada que pudiera indicarnos que estas ranas pudieran oír nada. Sabemos también que, por esta misma característica, ellas eran incapaces de comunicarse mediante sonidos, pues no emitían ningún tipo de canto o ruido”, comentó Chaves.
La sordomudez de una rana no es algo muy normal y ocurre solamente en sitios en donde hay tanto ruido que estos anfibios se ven obligados a buscar otra forma de comunicarse entre sí.
Culpas y retos. Científicos ticos y expertos de la UICN coinciden en que los responsables de la desaparición de esta rana nacional son la reducción del hábitat y el cambio climático, el cual favorece la proliferación de un hongo patógeno que se les pega a la piel y los asfixia.
Según reconocen los científicos Federico Bolaños y Gerardo Chaves, de la UCR, a pesar de múltiples expediciones e intentos, esta especie no ha sido vista desde 1986.
Desde el 2006, cuando la especie se incorporó a la Lista Roja de UICN, ellos tenían la esperanza de encontrarla en sus estudios de campo. Por eso, no había sido declarada extinta hasta ahora.
“Desde el punto de vista biológico, el que se extinga una especie no es una cuestión rara, es casi una ley de la naturaleza. Sin embargo, como persona y científico en este campo, uno siente una tremenda impotencia al ver que una especie tan abundante desapareció ante los ojos de uno. Se siente un gran malestar”, manifestó Chaves.
Según comentó el investigador de la UCR, el reto está en tratar de descifrar los problemas con el fin de salvar lo que queda de las poblaciones de anfibios.