
Un fósil de 307 millones de años hallado en Canadá permitió identificar al vertebrado más antiguo conocido que incorporó plantas en su dieta. El descubrimiento aporta nuevas pistas sobre el origen de la herbivoría terrestre y sobre la evolución de los primeros animales que lograron adaptarse de forma permanente a la vida en tierra firme.
La investigación estuvo a cargo de científicos de la Universidad de Carleton en Canadá. El espécimen apareció en la Isla del Cabo Bretón en la provincia de Nueva Escocia. Pertenece a un grupo de antiguos tetrápodos terrestres que son ancestros de todos los vertebrados que habitan la tierra.
Los primeros animales que colonizaron el ambiente terrestre hace más de 400 millones de años se alimentaban de otros animales. Aunque las plantas habían migrado del agua a la tierra mucho antes, los vertebrados tardaron más de 100 millones de años en diversificar su alimentación.
El nuevo hallazgo marca un punto de inflexión en esa transición. El fósil corresponde a una especie bautizada como Tyrannoroter heberti, nombre que significa excavador tirano de Hebert. La denominación honra a su descubridor Brian Hebert. La descripción científica se publicó en la revista Nature Ecology & Evolution.
Un pequeño gigante de su época
Solo se recuperó la cabeza del animal. Sin embargo, los investigadores compararon la pieza con esqueletos más completos de especies emparentadas. Con base en ese análisis estimaron que se trataba de un cuadrúpedo de unos 30 centímetros de longitud.
El tamaño era similar al de una bola de fútbol americano. Aunque hoy parecería pequeño, hace 300 millones de años figuraba entre los animales terrestres más grandes de su entorno.
Los científicos identificaron el fósil como un pantilídeo tras observar su estructura en un tocón de árbol fosilizado. Este grupo pertenece a una segunda fase de la vida terrestre. En ese periodo los animales ya se habían adaptado de forma permanente a la tierra firme, aunque aún formaban parte de una etapa temprana en la historia de los vertebrados.
El fósil presentaba limitaciones para su estudio. La cabeza quedó preservada con la boca cerrada. Esa condición ocultó estructuras internas clave.
El equipo utilizó tomografías computarizadas para reconstruir el cráneo en tres dimensiones. Este espécimen fue el primero de su grupo en recibir una reconstrucción 3D detallada. La técnica permitió observar el interior del cráneo y analizar su dentadura.
El examen reveló dientes adicionales especializados para triturar y moler alimentos como plantas. Esa característica confirmó que el animal incorporaba materia vegetal en su dieta.
Los investigadores indicaron que el Tyrannoroter no era exclusivamente herbívoro. Probablemente también consumía animales pequeños. Aun así, el hallazgo representa una evidencia temprana del cambio alimentario que abrió paso a los primeros herbívoros terrestres.
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