Junto con Costa Rica, el reporte destacó a Chile en América del Sur, Trinidad y Tobago en el Caribe, Brunéi en Asia, Polonia en Europa en desarrollo, Mauricio en África y Tonga en las Islas del Pacífico.
Para el análisis, los investigadores desarrollaron el Índice de Vulnerabilidad de la Calidad del Agua (WQVI), una herramienta que combina seguridad hídrica, riqueza económica y desigualdad de género.
Además, 54 países fueron ubicados en el denominado cuadrante “ganar-ganar-ganar”, escenario caracterizado por alta seguridad del agua potable, mayor riqueza económica y menor desigualdad de género. Entre esos países figuran Uruguay, Mauricio, Armenia, Qatar y Rusia.
Según los hallazgos, las diferencias en acceso y calidad del agua reflejan desigualdades económicas y sociales tanto entre países como dentro de las propias ciudades.
Cerca del 30% de las naciones evaluadas enfrentan simultáneamente agua insegura, pobreza y alta desigualdad de género. Esa combinación afecta alrededor de 2.000 millones de personas.
Los resultados señalan que el 73,4% de la variación en la calidad del agua puede explicarse por factores asociados con riqueza económica y desigualdad de género.
Cuando no existe infraestructura pública suficiente, el costo de obtener agua recae sobre los hogares y afecta principalmente a mujeres y niñas, quienes dedican tiempo y esfuerzo a la recolección del recurso, según la investigación.
Esa situación, de acuerdo con el análisis, limita oportunidades educativas y laborales para las poblaciones más vulnerables.
También se identificaron diferencias territoriales en el acceso al agua. Mientras sectores urbanos con mayores ingresos acceden a agua tratada, comunidades pobres dependen de fuentes contaminadas, situación asociada con enfermedades como diarrea y cólera.
En América Latina y el Caribe, el reporte ubicó a Guatemala, Guyana y Haití entre los países con peor desempeño global en seguridad del agua potable.
A nivel regional, el análisis integral también señaló a Bolivia y Guyana como naciones que requieren intervenciones urgentes para mejorar condiciones de agua, desarrollo económico y desigualdad de género.
Entre los peores evaluados a escala mundial aparecen además Níger, Pakistán y Albania.
La publicación atribuye las brechas entre países a diferencias en infraestructura hídrica, capacidad técnica, disponibilidad de recursos humanos e inversión en tecnologías de tratamiento de agua.