
Cuando se apagan las luces, los gatos no activan una visión sobrenatural. Su ventaja radica en una adaptación biológica precisa que les permite orientarse con muy poca iluminación. Aunque no perciben la oscuridad absoluta, sí logran moverse y detectar estímulos con hasta seis veces menos luz que una persona.
Durante siglos, la facilidad de los felinos para desplazarse en la penumbra generó mitos sobre una supuesta visión nocturna perfecta. Especialistas explicaron que, como otros mamíferos, los gatos necesitan una mínima fuente de luz. La diferencia surge cuando el entorno apenas deja ver sombras para el ojo humano y el animal aún reconoce su espacio.
La explicación se encuentra en la retina, la estructura ocular que capta la luz y la transforma en señales para el cerebro. En los humanos, la retina combina conos y bastones. Los conos permiten distinguir colores y detalles con buena iluminación. Los bastones se activan con poca luz. En los gatos, la cantidad de bastones resulta mucho mayor, lo que incrementa su sensibilidad a la luz tenue y al movimiento.
Esta especialización implica un sacrificio. La agudeza visual y la percepción del color disminuyen durante el día. La vista felina no prioriza los detalles finos. Su función principal consiste en localizar presas con rapidez al amanecer y al anochecer, los periodos de mayor actividad de caza.
Otro componente clave es el tapetum lucidum, una capa reflectante ubicada detrás de la retina. Esta estructura devuelve la luz que no se aprovechó en el primer contacto. Así, la luz obtiene una segunda oportunidad para estimular los bastones. Este mecanismo explica el brillo característico de los ojos de los gatos cuando una fuente luminosa los apunta en la oscuridad.
A esta ventaja se suma la dilatación de las pupilas. En ambientes con poca luz, la pupila se expande casi por completo para permitir el ingreso de más luminosidad. Con luz intensa, se contrae en una rendija vertical que protege el ojo y mejora la percepción de distancias.
En la práctica, la visión nocturna felina se apoya más en el contraste y el movimiento que en imágenes definidas. Los gatos perciben formas complejas con menor precisión que los humanos. Sin embargo, detectan cambios sutiles en su entorno como el desplazamiento de un objeto o la presencia de otro animal.
Respecto al color, los gatos no ven en blanco y negro. Su paleta cromática es limitada. Estudios citados por SantéVet señalan que distinguen principalmente tonos azules y verdes. Los colores rojos y rosados resultan difíciles de diferenciar. Con poca luz, esta capacidad disminuye aún más porque los bastones no transmiten información cromática.
La vista tampoco actúa de forma aislada. El oído, el olfato y las vibrisas complementan la percepción del entorno. Los bigotes detectan vibraciones del aire y el contacto con objetos cercanos. Esta información resulta clave cuando la iluminación es escasa y el espacio es reducido.
Los gatos no ven en la oscuridad total. Su ventaja surge de un sistema visual y sensorial adaptado a la penumbra. La retina especializada, el tapetum lucidum, la pupila flexible y el apoyo de otros sentidos explican por qué se desplazan con seguridad donde una persona apenas distingue formas.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
