
¿Por qué los mosquitos pican más a unas personas que a otras? Esta pregunta, que ha intrigado a la ciencia desde los años cincuenta, encontró nuevas respuestas en una investigación liderada por la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas. El estudio identificó que el compuesto químico 1-octen-3-ol es una de las claves principales en esta selección.
El artículo, publicado en la revista científica iScience, determinó que los niveles de esta molécula son significativamente más elevados en personas que resultan altamente atractivas para el mosquito Aedes aegypti, transmisor de enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla.
Los investigadores observaron que el estado fisiológico de la persona influye directamente en su “atractivo” para el insecto. Las mujeres embarazadas, particularmente las que cursan su segundo trimestre, mostraron un índice de atracción mucho mayor en comparación con quienes no están en periodo de gestación.
El fenómeno ocurre porque los mosquitos detectan solo un pequeño subconjunto de los cientos de compuestos volátiles que emite la piel humana. El estudio encontró que el 1-octen-3-ol actúa como una “firma química” de alta atracción. Este compuesto proviene de la descomposición oxidativa del ácido linoleico presente en el sebo cutáneo.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo científico analizó el olor corporal de 42 participantes femeninas. Utilizaron técnicas de cromatografía de gases y electroantennografía, las cuales permiten medir la respuesta de las antenas del mosquito ante diferentes olores.
Además de la presencia de esta molécula específica, la investigación destacó que la proporción de la mezcla de olores es fundamental. Los mosquitos no deciden a quién picar basándose en un solo ingrediente, sino en la relación numérica entre los distintos compuestos volátiles de la piel.
El estudio menciona algunas limitaciones, como el tamaño moderado de la muestra, especialmente en el grupo de personas embarazadas. Asimismo, los resultados se basan en una cepa de laboratorio, por lo que los autores señalan la necesidad de confirmar estos hallazgos en poblaciones naturales de mosquitos.
