
La dopamina es un neurotransmisor que produce el cerebro y actúa como mensajero químico asociado con la motivación y la recompensa. Su función resulta clave para el bienestar humano. Sin embargo, en la actualidad, este sistema se relaciona con una búsqueda constante de placer que genera riesgos para la salud mental y emocional.
El escritor y educador estadounidense Michael E. Long analizó este fenómeno en su libro Cómo domar la dopamina, publicado por Editorial Sextante. La obra expone estrategias prácticas para entrenar el cerebro y lograr un equilibrio entre placer, productividad y propósito.
Según el autor, la dopamina no es negativa en sí misma. Cumple funciones esenciales para la supervivencia y el aprendizaje. El problema surge cuando impulsa conductas repetitivas asociadas con recompensas inmediatas, como el uso excesivo de redes sociales, el consumo de alimentos ultraprocesados o la búsqueda constante de estímulos nuevos.
El cerebro y la promesa del placer
Long explicó que la dopamina genera expectativas infladas de felicidad. El cerebro promete una sensación de bienestar que muchas veces no se cumple. Este mecanismo tiene raíces evolutivas. En el pasado, la búsqueda de lo nuevo permitió a los seres humanos explorar y sobrevivir. En el entorno actual, ese mismo impulso empuja a desear más de lo que se tiene.
El especialista señaló que el sistema dopaminérgico no evolucionó al ritmo del mundo moderno. Hoy incentiva la ambición constante, el consumo y la comparación. Este patrón se asemeja al funcionamiento de una máquina tragamonedas, donde la posibilidad de una recompensa mantiene activa la conducta, aunque el beneficio real sea bajo.
La anticipación genera más dopamina que la recompensa
El autor destacó que la liberación de dopamina es mayor durante la espera que en el momento de obtener el objeto deseado. El cerebro disfruta más la anticipación que la posesión. Este fenómeno se observa en compras, ascensos laborales y metas personales. Una vez alcanzado el objetivo, el interés disminuye y surge el deseo por algo nuevo.
Este ciclo continuo dificulta la capacidad de disfrutar el presente. La persona se enfoca en lo que vendrá y pierde la conexión con lo que ya posee.
El riesgo de perder el sentido
Para Long, el principal problema es la incapacidad de apreciar el momento actual. El especialista indicó que el cerebro necesita razones para valorar la experiencia presente. Ese significado puede surgir de la fe, el conocimiento, la amistad, la generosidad o un propósito personal más amplio que el placer inmediato.
Cuando las acciones se orientan hacia un sentido mayor, el impulso dopaminérgico pierde fuerza. La gratificación deja de ser el único motor de conducta.
Decidir entre el placer inmediato y el beneficio futuro
El autor afirmó que la dopamina promete una felicidad futura basada en lo que falta. En muchos casos, esa promesa resulta falsa. Por ello, recomendó detenerse y analizar el verdadero deseo detrás de cada impulso. Comprar, cambiar de trabajo o buscar novedades no siempre responde a una necesidad real.
Plantearse preguntas concretas permite reducir la impulsividad y ganar control. Este proceso ofrece al cerebro tiempo para evaluar y disminuir la reacción automática.
Estrategias para regular la dopamina
Long propuso cinco estrategias prácticas para manejar mejor este sistema cerebral:
- Actividad física regular, que mejora el estado de ánimo, el autocontrol y la autoestima.
- Escuchar música, que estimula la dopamina mediante la expectativa y la sorpresa sonora.
- Momentos de quietud o meditación, que fortalecen la capacidad de pensar antes de actuar.
- Alimentación adecuada, necesaria para el funcionamiento correcto del cuerpo y el cerebro.
- Preparar alternativas saludables, para reemplazar conductas impulsivas cuando surge la tentación.
En el caso de la música, explicó que los sonidos complejos activan circuitos cerebrales relacionados con la anticipación. Alternar entre melodías conocidas y nuevas permite usar este mecanismo como aliado para la motivación y la concentración.
Crear barreras antes de actuar
El especialista recomendó interponer tiempo entre el deseo y la acción. Acciones simples, como postergar una compra o alejarse del estímulo, ayudan a evaluar si la conducta realmente aporta bienestar. Tener actividades alternativas planificadas facilita este proceso y reduce la dependencia de recompensas inmediatas.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
