La cacería de elefantes para extraer y comercializar el marfil de sus colmillos llegó a los más altos niveles de la historia y eso podría significar la pronta extinción del animal terrestre más grande del planeta.
Así lo advirtió un estudio publicado esta semana por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
El elefante africano es el mamífero de mayor peso y el segundo en altura en el reino animal. Sus colmillos –de marfil– pueden tener una longitud de dos metros y pesar 60 kilogramos cada uno.
Entre agosto del 2005 y agosto del 2006 las autoridades de ese continente decomisaron más de 23.400 kilogramos de marfil de contrabando. Esto ocurrió a pesar de que existen leyes desde 1989 en África que prohíben el tráfico de marfil en su territorio.
Preocupados por la supervivencia de los elefantes, los científicos del Centro de Biología de la Conservación de la Universidad de Washington decidieron buscar la forma de combatir el comercio de los colmillos.
Para ello los estadounidenses se fueron a África y analizaron el ADN (ácido desoxirribonucleico) de las diferentes poblaciones de elefantes. A partir de estos análisis confeccionaron un fichero genético en que se describen las características de cada una de las familias de elefantes del continente.
Con esta información los científicos analizan el ADN de los colmillo de marfil que se decomisan y determinan de qué sitio de África era el elefante que se mató para quitarle el marfil.
Con esta información los expertos esperan que sea posible concentrar los esfuerzos de vigilancia en las regiones en África donde se identifique que la caza furtiva es más intensa, señaló el científico Samuel Wasser, del Centro de Conservación de las Especies de la Universidad de Washington.
Los primeros análisis revelaron que 67 de los 532 colmillos interceptados pertenecían a elefantes de la sabana africana, y probablemente de una región en Zambia.
Masacre. Las toneladas de marfil de contrabando confiscadas en el 2006 permiten pensar que la masacre de los elefantes alcanzó un ritmo sin precedentes.
Se calcula que solo se confisca el 10% del marfil ilegal que se comercia. Por ello se cree que lo que se podría haber comercializado son 234 toneladas de marfil.
Ese volumen supone la muerte de unos 23.000 elefantes africanos, un 5% de la población.