
Hace más de 6.000 años, comunidades humanas del centro de la actual España comenzaron a construir espacios funerarios planificados alrededor de tumbas centrales. Un nuevo estudio arqueológico en el sitio de Valdelasilla, en Toledo, encontró que estas prácticas aparecieron antes de lo que se pensaba en la meseta ibérica y que las regiones del interior también participaron en el origen del megalitismo europeo.
La investigación fue publicada en Cambridge Archaeological Journal y reunió análisis antropológicos, excavaciones arqueológicas y fechamientos por radiocarbono para reconstruir cómo enterraban a sus muertos las poblaciones del Neolítico tardío y el Calcolítico. Los investigadores identificaron una necrópolis organizada alrededor de una gran tumba rodeada por un foso, acompañada de pequeñas cámaras funerarias distribuidas a su alrededor.
Hasta ahora, muchas teorías sobre el origen del megalitismo europeo se concentraban en las zonas costeras atlánticas y mediterráneas. El estudio señala que la ubicación continental de Valdelasilla obliga a reconsiderar ese modelo y plantea que distintas regiones pudieron desarrollar procesos similares de monumentalización funeraria al mismo tiempo.
El yacimiento se localiza cerca del río Tajo, en una pequeña elevación del terreno. Durante las excavaciones, realizadas antes de un desarrollo urbano, arqueólogos documentaron 454 estructuras distribuidas en unas 11 hectáreas. Entre ellas aparecieron fosas, agujeros de postes, restos de viviendas y varias tumbas.
Los entierros estaban divididos en dos sectores. El principal funcionaba como una necrópolis organizada. En su punto más alto se encontraba la tumba más grande, identificada como VLD-T450, rodeada por un recinto circular excavado en el suelo y acompañado por postes que posiblemente marcaban una entrada ceremonial. Otras tumbas menores se distribuían alrededor de esa estructura principal.
Los investigadores determinaron que las cámaras funerarias fueron construidas con madera, arcilla y pequeñas piedras. Aunque todavía no eran grandes monumentos de piedra como los dólmenes más conocidos de Europa occidental, sí representaban una forma temprana de arquitectura funeraria colectiva.
Para establecer la antigüedad del sitio, el equipo obtuvo 21 fechamientos radiocarbónicos a partir de huesos humanos y restos de carbón vegetal. Luego utilizaron modelos estadísticos bayesianos, una técnica que permite ordenar cronológicamente distintas fechas arqueológicas y estimar con mayor precisión cuándo ocurrieron ciertos eventos.
Los resultados indican que la actividad funeraria comenzó a finales del quinto milenio antes de Cristo y continuó durante el Calcolítico. Esa cronología convierte a Valdelasilla en una de las evidencias más antiguas del surgimiento del megalitismo en la meseta ibérica.
El estudio también encontró restos humanos de diferentes edades, incluidos niños y adultos, lo que muestra que las prácticas funerarias colectivas involucraban a distintos miembros de la comunidad.
Los autores sostienen que Valdelasilla conecta las prácticas funerarias del interior de la península con otros cementerios tempranos asociados al nacimiento del megalitismo en Europa. Según el artículo, la necrópolis aporta nuevas evidencias sobre cómo surgieron los primeros espacios monumentales dedicados a los muertos mucho antes de las grandes construcciones megalíticas que dominarían siglos después.
