
La cueva de El Mirón, en Cantabria, España, se ha convertido en uno de los registros prehistóricos más completos de la península ibérica. Tras casi 30 años de excavaciones, investigadores documentaron una secuencia continua de ocupación humana de unos 40.000 años, desde los últimos neandertales hasta comunidades de la Edad del Bronce, lo que permite reconstruir parte de la historia más antigua de esta región de Europa.
Los hallazgos fueron sintetizados recientemente un artículo publicado en el Journal of Anthropological Research.
El proyecto es dirigido desde 1996 por Lawrence Straus, de la Universidad de Nuevo México, y Manuel González Morales, de la Universidad de Cantabria. Durante ese tiempo, el equipo identificó evidencias correspondientes a nueve grandes periodos arqueológicos, entre ellos el Paleolítico Medio, el Paleolítico Superior, el Mesolítico, el Neolítico y la Edad del Bronce.
Según la Universidad de Nuevo México, La cueva está situada sobre el valle del río Asón y posee una amplia entrada que durante milenios sirvió como espacio habitacional. Allí los investigadores encontraron hogares para cocinar, herramientas de piedra y hueso, restos de animales cazados, grabados rupestres y objetos decorativos elaborados por grupos humanos de distintas épocas.
Entre los hallazgos figuran miles de restos asociados con la caza de ciervos, cabras monteses, caballos y corzos, además de evidencias de pesca de salmones y truchas. También aparecieron adornos personales fabricados con dientes perforados, conchas marinas y piedras.
Los estratos más recientes permitieron documentar la llegada de la agricultura al norte atlántico de España hace unos 6.500 años. Los investigadores encontraron evidencias tempranas del cultivo de trigo, animales domesticados, cerámica y actividades metalúrgicas.
Uno de los descubrimientos más destacados fue el entierro de una mujer que vivió hace aproximadamente 19.000 años durante el periodo magdaleniense. Su esqueleto parcial apareció detrás de un gran bloque de roca grabado con figuras que podrían haber funcionado como marcador funerario.
Los arqueólogos la denominaron la Dama Roja de El Mirón porque sus huesos y el sedimento que los rodeaba estaban cubiertos con ocre rojo. El análisis mostró que ese pigmento provenía de un afloramiento situado a unos 25 kilómetros de distancia, lo que indica que fue transportado expresamente para el entierro.
Los estudios genéticos realizados posteriormente aportaron información sobre las poblaciones humanas que habitaron Europa al final de la última glaciación. Además, el análisis de su placa dental permitió reconstruir aspectos de su alimentación, que incluía animales terrestres, recursos marinos, semillas, plantas y hongos.
Según la Universidad de Nuevo México, las excavaciones volverán a realizarse en 2027 y podrían aportar nuevos datos sobre la vida de las poblaciones que ocuparon la región durante decenas de miles de años.
