
Científico aficionado redescubre en Australia una planta considerada extinta desde hace seis décadas, gracias a una fotografía tomada con un teléfono celular y compartida en una plataforma global de ciencia ciudadana. El hallazgo reactivó el interés científico sobre una especie sin registros oficiales desde 1967.
El horticultor Aaron Bean trabajaba en una finca del norte del estado de Queensland, en Australia, donde colocaba anillas a aves. Durante la jornada observó una planta inusual que llamó su atención. Tomó varias fotografías con su celular y, al contar con conexión a internet, subió el registro a iNaturalist, una de las mayores bases de datos científicos sobre biodiversidad del mundo.
La publicación generó una reacción inesperada. Las imágenes llegaron hasta Anthony Bean, botánico del herbario de Queensland, quien identificó la especie casi de inmediato. Se trataba de Pilotus senarius, un arbusto pequeño y delgado, con flores de color rosado púrpura, que la comunidad científica consideraba extinto desde la década de 1960.
Investigadores vinculados a la Universidad de Nueva Gales del Sur señalaron que la coincidencia resultó clave. Aaron Bean participaba activamente en iNaturalist y documentó varias plantas llamativas en la propiedad. Ese registro permitió que especialistas evaluaran el material sin estar en el sitio.
Una especie que vuelve a los registros
La Pilotus senarius crece únicamente en una franja de terreno escarpado en el golfo de Carpentaria, al norte de Australia. La última recolección documentada dató de 1967. Desde entonces, la especie integró una lista internacional de cerca de 900 plantas consideradas extintas en la naturaleza desde 1750.
Las fotografías publicadas en iNaturalist confirmaron que la planta sobrevivió. A partir de esa evidencia, los científicos la reclasificaron como especie en estado crítico de amenaza, en lugar de extinta, como se creía hasta ahora.
El valor de la ciencia ciudadana
La plataforma iNaturalist reúne datos aportados por personas de todo el mundo. Actualmente cuenta con alrededor de 4 millones de usuarios, más de 300 millones de registros y cerca de 500.000 especies identificadas. Este modelo fortaleció el vínculo entre ciudadanos y científicos profesionales.
La práctica forma parte de una tendencia global conocida como ciencia ciudadana. Personas sin formación académica especializada fotografían plantas y animales que encuentran en su entorno y comparten esa información en bases de datos abiertas. Esto permite ampliar el alcance de los estudios científicos y ajustar análisis sin que los investigadores deban estar presentes en todos los territorios.
Especialistas destacan que no siempre basta con una sola imagen. Fotografías de la planta completa, las hojas, la corteza y el entorno ofrecen mayor precisión. También resulta útil añadir datos como el tipo de suelo, olores o especies cercanas, ya que esos detalles aumentan el valor científico del registro.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
