
La astronauta Christina Koch aseguró que, tras regresar de su misión espacial, durante los primeros días despertaba convencida de que seguía flotando, una sensación que, según una investigación publicada en la revista JNeurosci, responde a la forma en que el cerebro mantiene por más tiempo sus referencias de gravedad.
Durante una conferencia, Koch relató que, pese a haber pasado antes 328 días en el espacio, esta vez experimentó una sensación distinta al volver. “Cada vez que me despertaba, en los primeros días, pensaba que estaba flotando 100%. Realmente creía que estaba flotando y tenía que convencerme de que no”, explicó.
También dijo que incluso llegó a sorprenderse al soltar objetos de forma automática, como si aún estuviera en microgravedad. “Puse una camisa en el aire y realmente me sorprendió”, afirmó.
Koch añadió que esa sensación le resultó familiar porque, según describió, dormir en el espacio es distinto a hacerlo en la Tierra. “Dormir en el espacio es el mejor sueño posible. Es muy pacífico, muy cómodo”, señaló.
El estudio de Philippe Lefèvre y colaboradores de la Universidad Católica de Lovaina e Ikerbasque analizó precisamente cómo los astronautas ajustan el control de sus manos y la fuerza con la que sujetan objetos al pasar de la gravedad terrestre a la microgravedad y luego regresar.
La investigación determinó que, incluso después de varios meses en el espacio, el cerebro continúa anticipando la gravedad de la Tierra. Esa expectativa provoca que los astronautas apliquen más fuerza de la necesaria al sujetar objetos, especialmente cuando están en movimiento.
Los investigadores explican que esta reacción ocurre porque el sistema nervioso conserva una especie de “referencia gravitacional” construida durante toda la vida en la Tierra. Esa referencia tarda en modificarse, por lo que el cuerpo necesita un periodo de reajuste tanto al llegar al espacio como al volver al planeta.
Al regresar, ocurre el proceso inverso: los astronautas inicialmente calculan mal la fuerza necesaria para manipular objetos bajo la gravedad terrestre, porque su sistema sensoriomotor aún responde como si estuviera en microgravedad.
El equipo estudió a un grupo de astronautas antes, durante y después de sus misiones espaciales mediante sistemas de captura de movimiento y medición de fuerza de agarre, lo que permitió observar cómo cambia esa adaptación con el tiempo.
Según los autores, estos hallazgos también podrían aplicarse en procesos de rehabilitación de personas que deben reaprender habilidades motoras después de lesiones o enfermedades neurológicas, además de servir para el entrenamiento de futuras misiones espaciales de larga duración.
