
“El cielo es maravilloso, y por eso, cada cultura antigua lo ha visto y ha bajado del firmamento los astros que más le convienen para establecer a partir de él una forma de ser, un orden político, religioso o social (…) Entenderlo es un reto y estudiarlo es fascinante”.
Con estas palabras, el físico y astrónomo mexicano Jesús Galindo inaugura hoy oficialmente las celebraciones nacionales del Año Internacional de la Astronomía, e invita a reflexionar no cómo es el cielo, sino cómo los astros han influido en la visión del tiempo y del mundo que tenemos los seres humanos.
“Nuestros indígenas diseñaron sus ciudades definiendo los ciclos de sus actividades y ritos de acuerdo al movimiento y posición de los astros”, afirmó el científico.
Galindo visita el país como conferencista del Primer Congreso Internacional de Astronomía organizado por la Fundación Cientec.
Este encuentro se realiza en Liberia, Guanacaste, y pretende fortalecer la curiosidad por esta rama científica en todo el país.
Además, buscará difundir, con la ayuda de expertos, los conocimientos más actualizados sobre los planetas y la Vía Láctea.
“Yo soy arqueoastrónomo y usted me dirá: ¿qué es eso? Pues le diré: lo que hago es estudiar las conductas humanas que fueron disparadas por la conducta visual, es decir, por la observación del cielo”, indicó.
La arqueoastronomía es el estudio de yacimientos arqueológicos relacionados con el estudio de la astronomía por culturas antiguas.
También estudia el grado de conocimientos astronómicos poseído por los diferentes pueblos antiguos. Uno de los aspectos de esta disciplina es el estudio del registro histórico de conocimientos astronómicos anterior al desarrollo de la moderna astronomía.
El experto reveló que esta disciplina nació en Europa hace unos 40 años, por lo que es relativamente nueva. Indicó que, aunque ha encontrado gran resistencia entre algunos académicos de ciencias exactas, es muy bien valorada por las nuevas generaciones de astrónomos y también de arqueólogos porque se complementan bien para entender el ser humano primitivo.
“Durante siglos el firmamento ha logrado despertar el ingenio y la reflexión de las personas y continúa haciéndolo. Esta rama de la ciencia consiste en acercarse lo más posible a esa primera visión del cielo y concepción del Universo de nuestros antepasados”, explicó el mexicano.
Cambio. Desde hace más de 20 años, este científico asegura haberse transformado de un astrofísico teórico graduado como doctor en la Ruhr Universitaet Bochum (Alemania) a una especie de “hombre-lobo” que se pasa las noches a la luz de las estrellas, descifrando el firmamento en sitios como las pirámides de Teotihuacán, en México.
Durante su carrera profesional, Galindo ha detectado cómo la dirección de las ruinas arqueológicas, en Mesoamérica y en todo el orbe, evidencian que cada cultura creó hasta su propio calendario de acuerdo a como veían el cielo y los astros. Es decir, calendarios locales con variaciones de inclinación ínfimas que respondían a su ubicación entre los paralelos y meridianos.
Las montañas e irregularidades geográficas y como obstaculizaban la vista en el horizonte también son responsables de algunas diferencias entre las principales ruinas históricas de una misma cultura.
“En Teotihuacán, por ejemplo, la Pirámide del Sol tiene una clara alineación a la puesta solar que sucede en dos fechas que dividen al año solar en una proporción expresable por cuentas de días provenientes de la estructura de dicho calendario”, ejemplificó. A esto le llamamos solsticios de invierno y verano y ocurren el 21 de marzo y el 21 de junio.
Nótese que en ese mismo complejo arqueológico, la llamada Avenida de los Muertos está en perpendicular al eje de simetría de la Pirámide del Sol.
También El Caracol, en Chichén Itzá, es un edificio cuyos elementos arquitectónicos, como vanos de acceso, ventanas, escalinatas y plataformas, señalan hacia los horizontes donde se daban diversos eventos relacionados con el Sol, la Luna, Venus y estrellas brillantes en la época en la que se usó.
Galindo aprovechó para lanzarle el reto de la astroarqueología a los arqueólogos jóvenes que apenas se preparan y que en Costa Rica no hay, señaló.