
Insectos y hongos podrían formar parte, a mediano plazo, de la dieta de los costarricenses o de la alimentación de los pollos, cerdos y conejos que se crían para el consumo humano.
A partir de este año, expertos africanos y asiáticos enseñarán a campesinos y científicos del país cuáles son los beneficios de incluir estos “nuevos” alimentos y analizarán cómo podríamos cultivarlos en el país.
Esta iniciativa forma parte de un proyecto de cooperación internacional entre Bután (Asia), Benín (África) y Costa Rica, vigente desde 1994, y en ella participan 50 investigadores de los tres países.
El programa, denominado “Usos no maderables del bosque”, es gestionado en el país por la organización Fundecooperación para el Desarollo Sostenible y por el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).
El proyecto es financiado por Holanda, con $1 millón, y una contrapartida nacional de $400.000 que serán aportados por el INBio.
El proceso. Esta cooperación se oficializó ayer con la firma de un convenio entre Fundecooperación y el INBio. A partir de ahora, los expertos nacionales y de Benín –país de África occidental– se darán a la tarea de conocer cuál es la oferta de hongos en Bután –nación pequeña y montañosa del sur de Asia–.
El estudio científico buscará identificar la taxonomía de las especies existentes allí, así como las costumbres de uso entre la población asiática.
Con esta información se tratará de identificar cuáles especies de hongos asiáticos podrían utilizarse en el país, según sus características y usos.
En Costa Rica hay ya un poco de camino recorrido en este tema. Existe una primera experiencia del cultivo de hongos en Alto López de Atenas, Alajuela, y hay también otros grupos interesados.
De forma paralela, costarricenses y expertos de Bután viajarán a Benín a identificar las especies de insectos que hay allí.
Benín, un país con un 20% de desnutrición, se caracteriza históricamente por un alto consumo de insectos cocinados y crudos.
A partir de su observación y estudio, los científicos esperan determinar la forma y comportamiento de los insectos africanos y, luego, sus posibles usos en otros países.
“En Costa Rica tenemos mucho que aprender de Benín y Bután. Por ejemplo, se estima que aquí hay un centenar de especies comestibles de hongos, de los cuales nosotros solo cultivamos y consumimos unas cinco especies”, dijo Alfio Piva, director ejecutivo del INBio.
“Con respecto a los insectos, se vale decir que hay muchos aquí a los que no les damos ningún uso. Aquí, la excepción serían las mariposas que se aprovechan con fines turísticos”, agregó Piva.
“Nosotros podríamos pensar en incorporar otros insectos a la oferta turística y hasta habría que estudiar su consumo. Por ejemplo, cultivar larvas de moscas podría ser una contribución bien proteica para la dieta de pollos o conejos”, señaló Piva.
“Estamos empezando y muy conscientes de que vamos a trabajar tanto en parte taxonómica como en el cultivo de las especies y la búsqueda de nuevos y diversos usos”, añadió el científico.